martes, 6 de octubre de 2015

Un señor muy viejo con unas alas enormes Gabriel García Márquez

Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas. Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza. Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal. Tanto lo observaron, y con tanta atención, que Pelayo y Elisenda se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron por encontrarlo familiar. Entonces se atrevieron a hablarle, y él les contestó en un dialecto incomprensible pero con una buena voz de navegante. Fue así como pasaron por alto el inconveniente de las alas, y concluyeron con muy buen juicio que era un náufrago solitario de alguna nave extranjera abatida por el temporal. Sin embargo, llamaron para que lo viera a una vecina que sabía todas las cosas de la vida y la muerte, y a ella le bastó con una mirada para sacarlos del error. — Es un ángel –les dijo—. Seguro que venía por el niño, pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia. Al día siguiente todo el mundo sabía que en casa de Pelayo tenían cautivo un ángel de carne y hueso. Contra el criterio de la vecina sabia, para quien los ángeles de estos tiempos eran sobrevivientes fugitivos de una conspiración celestial, no habían tenido corazón para matarlo a palos. Pelayo estuvo vigilándolo toda la tarde desde la cocina, armado con un garrote de alguacil, y antes de acostarse lo sacó a rastras del lodazal y lo encerró con las gallinas en el gallinero alumbrado. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos. Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Entonces se sintieron magnánimos y decidieron poner al ángel en una balsa con agua dulce y provisiones para tres días, y abandonarlo a su suerte en altamar. Pero cuando salieron al patio con las primeras luces, encontraron a todo el vecindario frente al gallinero, retozando con el ángel sin la menor devoción y echándole cosas de comer por los huecos de las alambradas, como si no fuera una criatura sobrenatural sino un animal de circo. El padre Gonzaga llegó antes de las siete alarmado por la desproporción de la noticia. A esa hora ya habían acudido curiosos menos frívolos que los del amanecer, y habían hecho toda clase de conjeturas sobre el porvenir del cautivo. Los más simples pensaban que sería nombrado alcalde del mundo. Otros, de espíritu más áspero, suponían que sería ascendido a general de cinco estrellas para que ganara todas las guerras. Algunos visionarios esperaban que fuera conservado como semental para implantar en la tierra una estirpe de hombres alados y sabios que se hicieran cargo del Universo. Pero el padre Gonzaga, antes de ser cura, había sido leñador macizo. Asomado a las alambradas repasó un instante su catecismo, y todavía pidió que le abrieran la puerta para examinar de cerca de aquel varón de lástima que más parecía una enorme gallina decrépita entre las gallinas absortas. Estaba echado en un rincón, secándose al sol las alas extendidas, entre las cáscaras de fruta y las sobras de desayunos que le habían tirado los madrugadores. Ajeno a las impertinencias del mundo, apenas si levantó sus ojos de anticuario y murmuró algo en su dialecto cuando el padre Gonzaga entró en el gallinero y le dio los buenos días en latín. El párroco tuvo la primera sospecha de impostura al comprobar que no entendía la lengua de Dios ni sabía saludar a sus ministros. Luego observó que visto de cerca resultaba demasiado humano: tenía un insoportable olor de intemperie, el revés de las alas sembrado de algas parasitarias y las plumas mayores maltratadas por vientos terrestres, y nada de su naturaleza miserable estaba de acuerdo con la egregia dignidad de los ángeles. Entonces abandonó el gallinero, y con un breve sermón previno a los curiosos contra los riesgos de la ingenuidad. Les recordó que el demonio tenía la mala costumbre de recurrir a artificios de carnaval para confundir a los incautos. Argumentó que si las alas no eran el elemento esencial para determinar las diferencias entre un gavilán y un aeroplano, mucho menos podían serlo para reconocer a los ángeles. Sin embargo, prometió escribir una carta a su obispo, para que éste escribiera otra al Sumo Pontífice, de modo que el veredicto final viniera de los tribunales más altos. Su prudencia cayó en corazones estériles. La noticia del ángel cautivo se divulgó con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas había en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. Elisenda, con el espinazo torcido de tanto barrer basura de feria, tuvo entonces la buena idea de tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver al ángel. Vinieron curiosos hasta de la Martinica. Vino una feria ambulante con un acróbata volador, que pasó zumbando varias veces por encima de la muchedumbre, pero nadie le hizo caso porque sus alas no eran de ángel sino de murciélago sideral. Vinieron en busca de salud los enfermos más desdichados del Caribe: una pobre mujer que desde niña estaba contando los latidos de su corazón y ya no le alcanzaban los números, un jamaicano que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, un sonámbulo que se levantaba de noche a deshacer dormido las cosas que había hecho despierto, y muchos otros de menor gravedad. En medio de aquel desorden de naufragio que hacía temblar la tierra, Pelayo y Elisenda estaban felices de cansancio, porque en menos de una semana atiborraron de plata los dormitorios, y todavía la fila de peregrinos que esperaban su turno para entrar llegaba hasta el otro lado del horizonte. El ángel era el único que no participaba de su propio acontecimiento. El tiempo se le iba buscando acomodo en su nido prestado, aturdido por el calor de infierno de las lámparas de aceite y las velas de sacrificio que le arrimaban a las alambradas. Al principio trataron de que comiera cristales de alcanfor, que, de acuerdo con la sabiduría de la vecina sabia, era el alimento específico de los ángeles. Pero él los despreciaba, como despreció sin probarlos los almuerzos papales que le llevaban los penitentes, y nunca se supo si fue por ángel o por viejo que terminó comiendo nada más que papillas de berenjena. Su única virtud sobrenatural parecía ser la paciencia. Sobre todo en los primeros tiempos, cuando le picoteaban las gallinas en busca de los parásitos estelares que proliferaban en sus alas, y los baldados le arrancaban plumas para tocarse con ellas sus defectos, y hasta los más piadosos le tiraban piedras tratando de que se levantara para verlo de cuerpo entero. La única vez que consiguieron alterarlo fue cuando le abrasaron el costado con un hierro de marcar novillos, porque llevaba tantas horas de estar inmóvil que lo creyeron muerto. Despertó sobresaltado, despotricando en lengua hermética y con los ojos en lágrimas, y dio un par de aletazos que provocaron un remolino de estiércol de gallinero y polvo lunar, y un ventarrón de pánico que no parecía de este mundo. Aunque muchos creyeron que su reacción no había sido de rabia sino de dolor, desde entonces se cuidaron de no molestarlo, porque la mayoría entendió que su pasividad no era la de un héroe en uso de buen retiro sino la de un cataclismo en reposo. El padre Gonzaga se enfrentó a la frivolidad de la muchedumbre con fórmulas de inspiración doméstica, mientras le llegaba un juicio terminante sobre la naturaleza del cautivo. Pero el correo de Roma había perdido la noción de la urgencia. El tiempo se les iba en averiguar si el convicto tenía ombligo, si su dialecto tenía algo que ver con el arameo, si podía caber muchas veces en la punta de un alfiler, o si no sería simplemente un noruego con alas. Aquellas cartas de parsimonia habrían ido y venido hasta el fin de los siglos, si un acontecimiento providencial no hubiera puesto término a las tribulaciones del párroco. Sucedió que por esos días, entre muchas otras atracciones de las ferias errantes del Caribe, llevaron al pueblo el espectáculo triste de la mujer que se había convertido en araña por desobedecer a sus padres. La entrada para verla no sólo costaba menos que la entrada para ver al ángel, sino que permitían hacerle toda clase de preguntas sobre su absurda condición, y examinarla al derecho y al revés, de modo que nadie pusiera en duda la verdad del horror. Era una tarántula espantosa del tamaño de un carnero y con la cabeza de una doncella triste. Pero lo más desgarrador no era su figura de disparate, sino la sincera aflicción con que contaba los pormenores de su desgracia: siendo casi una niña se había escapado de la casa de sus padres para ir a un baile, y cuando regresaba por el bosque después de haber bailado toda la noche sin permiso, un trueno pavoroso abrió el cielo en dos mitades, y por aquella grieta salió el relámpago de azufre que la convirtió en araña. Su único alimento eran las bolitas de carne molida que las almas caritativas quisieran echarle en la boca. Semejante espectáculo, cargado de tanta verdad humana y de tan temible escarmiento, tenía que derrotar sin proponérselo al de un ángel despectivo que apenas si se dignaba mirar a los mortales. Además los escasos milagros que se le atribuían al ángel revelaban un cierto desorden mental, como el del ciego que no recobró la visión pero le salieron tres dientes nuevos, y el del paralítico que no pudo andar pero estuvo a punto de ganarse la lotería, y el del leproso a quien le nacieron girasoles en las heridas. Aquellos milagros de consolación que más bien parecían entretenimientos de burla, habían quebrantado ya la reputación del ángel cuando la mujer convertida en araña terminó de aniquilarla. Fue así como el padre Gonzaga se curó para siempre del insomnio, y el patio de Pelayo volvió a quedar tan solitario como en los tiempos en que llovió tres días y los cangrejos caminaban por los dormitorios. Los dueños de la casa no tuvieron nada que lamentar. Con el dinero recaudado construyeron una mansión de dos plantas, con balcones y jardines, y con sardineles muy altos para que no se metieran los cangrejos del invierno, y con barras de hierro en las ventanas para que no se metieran los ángeles. Pelayo estableció además un criadero de conejos muy cerca del pueblo y renunció para siempre a su mal empleo de alguacil, y Elisenda se compró unas zapatillas satinadas de tacones altos y muchos vestidos de seda tornasol, de los que usaban las señoras más codiciadas en los domingos de aquellos tiempos. El gallinero fue lo único que no mereció atención. Si alguna vez lo lavaron con creolina y quemaron las lágrimas de mirra en su interior, no fue por hacerle honor al ángel, sino por conjurar la pestilencia de muladar que ya andaba como un fantasma por todas partes y estaba volviendo vieja la casa nueva. Al principio, cuando el niño aprendió a caminar, se cuidaron de que no estuviera cerca del gallinero. Pero luego se fueron olvidando del temor y acostumbrándose a la peste, y antes de que el niño mudara los dientes se había metido a jugar dentro del gallinero, cuyas alambradas podridas se caían a pedazos. El ángel no fue menos displicente con él que con el resto de los mortales, pero soportaba las infamias más ingeniosas con una mansedumbre de perro sin ilusiones. Ambos contrajeron la varicela al mismo tiempo. El médico que atendió al niño no resistió la tentación de auscultar al ángel, y encontró tantos soplos en el corazón y tantos ruidos en los riñones, que no le pareció posible que estuviera vivo. Lo que más le asombró, sin embargo, fue la lógica de sus alas. Resultaban tan naturales en aquel organismo completamente humano, que no podía entender por qué no las tenían también los otros hombres. Cuando el niño fue a la escuela, hacía mucho tiempo que el sol y la lluvia habían desbaratado el gallinero. El ángel andaba arrastrándose por acá y por allá como un moribundo sin dueño. Lo sacaban a escobazos de un dormitorio y un momento después lo encontraban en la cocina. Parecía estar en tantos lugares al mismo tiempo, que llegaron a pensar que se desdoblaba, que se repetía a sí mismo por toda la casa, y la exasperada Elisenda gritaba fuera de quicio que era una desgracia vivir en aquel infierno lleno de ángeles. Apenas si podía comer, sus ojos de anticuario se le habían vuelto tan turbios que andaba tropezando con los horcones, y ya no le quedaban sino las cánulas peladas de las últimas plumas. Pelayo le echó encima una manta y le hizo la caridad de dejarlo dormir en el cobertizo, y sólo entonces advirtieron que pasaba la noche con calenturas delirantes en trabalenguas de noruego viejo. Fue esa una de las pocas veces en que se alarmaron, porque pensaban que se iba a morir, y ni siquiera la vecina sabia había podido decirles qué se hacía con los ángeles muertos. Sin embargo, no sólo sobrevivió a su peor invierno, sino que pareció mejor con los primeros soles. Se quedó inmóvil muchos días en el rincón más apartado del patio, donde nadie lo viera, y a principios de diciembre empezaron a nacerle en las alas unas plumas grandes y duras, plumas de pajarraco viejo, que más bien parecían un nuevo percance de la decrepitud. Pero él debía conocer la razón de estos cambios, porque se cuidaba muy bien de que nadie los notara, y de que nadie oyera las canciones de navegantes que a veces cantaba bajo las estrellas. Una mañana, Elisenda estaba cortando rebanadas de cebolla para el almuerzo, cuando un viento que parecía de alta mar se metió en la cocina. Entonces se asomó por la ventana, y sorprendió al ángel en las primeras tentativas del vuelo. Eran tan torpes, que abrió con las uñas un surco de arado en las hortalizas y estuvo a punto de desbaratar el cobertizo con aquellos aletazos indignos que resbalaban en la luz y no encontraban asidero en el aire. Pero logró ganar altura. Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Maestro Eulogio

MAESTRO EULOGIO La palabra MAESTRO es mucho más que un certificado otorgado para la enseñanza. Ese fue el título dado a los grandes literatos y sabios de la antigüedad, aunque nunca hubieran dado clases. A Cristo se le conoce como el Gran Maestro. En la historia, se le llama MAESTRO a todos los que han dejado una lección en alguna de las ramas del conocimiento. Eulogio Cardona Beltrán se ganó ese título en más de una rama del saber. Fue maestro en los deportes, en las comunicaciones, en el quehacer cultural, en ciencias políticas, en labor social. Y en medio de esas actividades, ostentaba el título de maestro del sistema de educación pública, con los estudios y acreditaciones requeridos. Así enseñaba en un salón de clases y seguía enseñando fuera de la escuela. Quienes lo conocimos y compartimos con Eulogio Cardona en cualquiera de sus múltiples facetas, sabemos que daba una lección de humanismo en todas ellas. Más aún, integraba la educación a las otras actividades. Cuando se involucraba en deportes, daba cátedra de ética y profesionalismo, más allá de la técnica. Viajó al extranjero, no como un turista más, sino como maestro siempre en busca de nuevos conocimientos. Se interesaba en la cultura y sociedad de cada país, para luego enseñar a otros lo positivo de cada país que podía traerse al ámbito local en el deporte, la cultura, la educación y demás renglones de la sociedad. En su labor en la radio su elocuencia y su dominio del lenguaje eran lecciones sin hacer un plan didáctico. Su prédica sobre la justicia social no se quedaba en las palabras. Se involucraba personalmente y hacía acto de presencia en los reclamos de las comunidades y en situaciones individuales. Usaba el micrófono para fustigar al político dictador y al funcionario negligente. Cuando una persona humilde o un niño indefenso era víctima de una injusticia, la voz de Eulogio Cardona retumbaba haciendo temblar a los poderosos. Mencionaba por nombre y apellido a los políticos y aristócratas que angustiaban al pueblo. Nadie se atrevía a contestarle, pues siempre estaba armado de la verdad con evidencia. Y por el contrario, la respuesta muchas veces era una solución a los problemas que planteaba. En la enseñanza formal, en el salón de clases, Eulogio Cardona lograba impactar a sus estudiantes en la edad más difícil, la adolescencia. Era exigente al punto de causar resentimiento en algunos. Su insistencia en la lectura y en la corrección ortográfica y gramatical parecía en determinado momento un entrenamiento militar. Pero pasado el curso, los estudiantes admitían que esa disciplina y rigor de Eulogio habían hecho la diferencia en ellos. No pocos de sus alumnos dicen, años después, que las lecciones de ese MAESTRO los encaminaron hacia el éxito en la vida. Hasta recuerdan palabra por palabra algunas lecciones. Como cuando le preguntaban sobre el lenguaje obsceno: “Palabras obscenas son: hambre, pobreza, esclavitud, guerra, injusticia.” El Maestro Eulogio se fue repentinamente la noche del miércoles 23 de septiembre. La estación de radio de la que fue propietario, Radio Progreso, recogió el duelo del pueblo, de sus estudiantes y compañeros que resumieron sus vivencias con el inolvidable maestro. Cuya huella en la educación es tan grande que se mantendrá tras su partida.

lunes, 24 de agosto de 2015

Consecuencias del Grito de Lares


Grito de Lares 1868 

Se conoce popularmente como el Grito de Lares a la revolución puertorriqueña por su independencia de España, llevada a cabo el 23 de septiembre de 1868. En el siglo XIX, en América Latina se utilizó la expresión de “Grito? como sinónimo de declaración de independencia. Por ejemplo, el Grito de Dolores (México, 1810), el Grito de Ipiranga (Brasil, 1822), y el Grito de Yara (Cuba, 1868).
La insurrección armada se inició en Lares, un pueblo localizado en el centro-oeste de Puerto Rico que, a su vez, formaba parte de una de las regiones de la economía agrícola comercial de aquella época. Para el tiempo del Grito, su paisaje montañoso y de frondoso verdor con su clima tropical y de abundante lluvia, estaba muy activo con unas 500 haciendas productoras de café. En todo Puerto Rico, junto a la producción de otras mercancías comerciales como la caña de azúcar y el tabaco, las necesidades alimenticias básicas se obtenían de la agricultura de subsistencia, la crianza de ganado y la pesca. El jefe militar del Grito de Lares, don Manuel Rojas, precisamente era uno de los principales hacendados cafetaleros.
Tarde en la noche del 23 de septiembre, ante el ejército rebelde de alrededor de mil hombres congregados en su hacienda, el general Rojas dio el grito de libertad de Puerto Rico. “En la casa de Rojas?, señaló el gobernador español José Laureano Sanz (Informe del 4 de julio de 1869), “recibió la rebelión su bautismo?.
En su discurso revolucionario, como ha documentado la historiadora Olga Jiménez, el general Rojas “se dirigió a las tropas que estaban afuera y les habló de la necesidad de derrocar el gobierno en el poder para terminar con sus prácticas de tiranía. Hizo mención de las contribuciones exorbitantes, de la corrupción de los funcionarios y del deber de ponerle fin a tal régimen de tiranía?. Tras agotar las alternativas pacíficas y las legales permitidas por España, y para conquistar la soberanía nacional propia, los revolucionarios puertorriqueños tomaron la determinación de organizarse para llevar a cabo la revolución armada y así terminar con la dominación colonial.

-Breves antecedentes históricos

A partir del 1492, Puerto Rico y los demás países antillanos vinieron a constituir el corazón geográfico y el punto de partida histórico de la formación de la América Latina y del Caribe colonial. En el transcurso de los siglos XVI al XVIII se fue formando y diferenciando una sociedad colonial criolla. La composición social colonial se fue configurando mediante la interacción de los indios taínos, los colonizadores españoles y los esclavos de áfrica, articulados en sucesivas estructuras socioeconómicas y con sus aportaciones culturales diversas.
Semejante a lo ocurrido en todas las colonias americanas, Puerto Rico también tuvo sus movimientos precursores emancipadores. Por ejemplo, la rebelión de los vecinos de San Germán, Ponce y Coamo de 1702-1711, que desacataron al Gobierno y afirmaron la autoridad de los cabildos. A comienzos del siglo XIX, en la coyuntura histórica de la invasión y ocupación de España por parte de la Francia del emperador Napoleón Bonaparte, en Puerto Rico se organizó un movimiento revolucionario con sede en la Villa de San Germán, encabezado por la élite criolla, para lograr la independencia. La llegada de tropas de España y la represión del liderato frustraron ese intento. También hubo otras tentativas revolucionarias en 1823 y en 1838.
A lo largo del siglo XIX, los puertorriqueños se agruparon en varias tendencias políticas: la conservadora, sostenedora de la dominación española; la reformista, que promovía el gobierno con mayor participación criolla y cambios económicos favorables a la Isla; y la independentista, que luchaba por la soberanía plena puertorriqueña. En 1866-67, comisionados liberales reformistas e independentistas (José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones y Segundo Ruiz Belvis) denunciaron el despotismo colonial y formularon peticiones de consenso económicas (libertad de comercio, fomento agrícola industrial), sociales (abolición de la esclavitud y del sistema de la libreta de jornaleros), y políticas (descentralización administrativa y mayor gobierno propio) ante una Junta Informativa de Madrid. La Metrópoli imperial ignoró las demandas, incumplió una vieja promesa de “Leyes Especiales? de carácter autonómico (1837), impuso más impuestos a la colonia y el Gobernador español, usando de pretexto un motín de soldados en junio de 1867, ordenó el arresto de prominentes liberales.

-La revolución

Para entonces, Puerto Rico era una nación con cuatro siglos de formación y desarrollo histórico y cultural. Contaba con una población de 656,328 habitantes (Censo de 1867) distribuidos en 68 pueblos por todo el país. En el verano de 1867, en una reunión de alto nivel del liberalismo puertorriqueño el sector reformista acaudillado por José Julián Acosta, Julián Blanco, Calixto Romero y otros optaron por “esperar? a un cambio político “favorable? en España. El sector independentista se decidió por el camino de organizar la revolución. Entre ellos figuraban el Dr. Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis, Carlos Elías Lacroix y otros. Algunos ya habían sufrido persecusión política y destierros por sus actividades abolicionistas e ideas políticas.
Betances y Ruiz Belvis habían escapado a Nueva York donde operaba desde 1865 una Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, que promovía la independencia de estas últimas colonias españolas en América. Uno de los integrantes de esa sociedad, lo era el exiliado puertorriqueño, Dr. José Francisco Basora. A la acusación del Gobernador español de que “conspiraban? contra España, ellos se constituyeron en Comité Revolucionario y respondieron con un Manifiesto a los Habitantes de Puerto Rico (16 julio 1867), de seis páginas, afirmando otro significado libertador de “conspiración?: “Debemos conspirar sin tregua porque es necesario que un día acabe el régimen colonial en nuestra Isla; porque Puerto Rico finalmente tiene que ser libre?. Denunciaron la tiranía colonial (la inexistencia de un Gobierno puertorriqueño, contribuciones que el pueblo no vota, despilfarro militar, corrupción generalizada de los funcionarios, carencias educativas de todo tipo, etc.), exhortaron a los paisanos reformistas a desengañarse con los intereses de la Metrópoli, subrayaron la importancia de “mirar nuestros intereses? y afirmaron la unidad y solidaridad revolucionaria antillana.
Segundo Ruiz Belvis falleció a destiempo (noviembre 1867) en un viaje de solidaridad latinoamericana que comenzaría en Chile. Betances honró su memoria llamándolo el primer mártir de la revolución. Desde la isla vecina de Saint Thomas hizo llegar a Puerto Rico su famosa proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres: (1) Abolición de la esclavitud, (2) derecho de votar todos los impuestos, (3) libertad de cultos, (4) libertad de palabra, (5) libertad de imprenta, (6) libertad de comercio, (7) derecho de reunión, (8) derecho de poseer armas, (9) inviolabilidad del ciudadano, (10) derecho de elegir nuestras autoridades.

En enero de 1868, un núcleo de patriotas ubicados en Santo Domingo reconstituyeron el Comité Revolucionario, es decir, el alto mando que operaba desde el exilio forzado integrado por Betances, Mariano Ruiz Quiñones, Lacroix, R. Mella, José Celis Aguilera, Basora (en Nueva York); y a ellos se unió el arzobispo de Santo Domingo, don Fernando Arturo Meriño, de orientación liberal y quien había vivido en Puerto Rico. Bajo el lema Patria-Justicia-Libertad, redactaron una Constitución Provisoria de la revolución puertorriqueña, destacando en su Artículo 2 el objetivo de establecer “la independencia de Puerto Rico, bajo la forma republicana democrática?. Durante los meses subsiguientes del año 1868, Betances encabezando el Comité desde afuera (obligado luego a operar desde Curazao y St. Thomas) se encargaría de reunir armas y pertrechos militares necesarios y preparar una expedición libertadora. Reubicados en Puerto Rico, Lacroix en Ponce, Celis en San Juan y Juan Chavarri en Mayagüez, ciudades principales, serían los enlaces con la organización del movimiento por toda la Isla. 
El proceso organizativo fue una tarea difícil y compleja, puesto que en el contexto del despotismo militar colonial vigente, todo tenía que hacerse en el clandestinaje. Poco a poco se fueron fundando Juntas revolucionarias en los pueblos y unidades de barrios que se modelaron a base de las sociedades revolucionarias europeas y según principios de los ritos de la masonería, a la cual pertenecían muchos, utilizando seudónimos y claves secretas. Puerto Rico era fundamentalmente rural y la transportación interior se hacía a caballo o en coche, con demoras de días de un lugar a otro; el medio de comunicación más avanzado, el telégrafo, estaba controlado por el Gobierno. Las proclamas se imprimían en islas vecinas, o en imprentas secretas, y circulaban a escondidas. El Gobierno mantenía una vigilancia constante.
Para septiembre había una porción de Juntas en varios pueblos. Los revolucionarios de Lares, Camuy, San Sebastián, y de la altura de Mayagüez, mejor constituidos y ansiosos por la acción, decidieron iniciar la revolución el 29 de septiembre. Por indiscreciones y delación, el 21 de septiembre la Junta del pueblo de Camuy, donde se proyectaba dar el Grito, fue descubierta y su dirigente Manuel María González fue arrestado con documentos comprometedores. Para no dar tiempo a una movilización militar del Gobierno, el liderato de estos pueblos decidió la acción armada para el día 23. La documentación conocida sugiere que todo esto ocurrió fuera de sintonía con el Comité en el exterior y los enlaces principales. 
En esas circunstancias, no obstante, se formó un núcleo de ejército rebelde de alrededor de 1,000 hombres. Medianamente armados con rifles y revólveres algunos, y con machetes la mayoría, tras proclamar la independencia y encabezados por los generales Manuel Rojas y Juan de Mata Terreforte, tarde en la noche del 23 de septiembre tomaron por asalto el pueblo de Lares. Los comerciantes españoles Amell, Ferret y otros que representaban el capital extranjero dominante y las autoridades locales fueron apresados. 

-Los hechos y las consecuencias

En Lares se dio el grito de la libertad de todo Puerto Rico. Se instituyó un Gobierno Provisional de la República de Puerto Rico bajo la presidencia de don Francisco Ramírez Medina. El Presidente Ramírez proclamó la abolición de la libreta servil jornalera y la libertad a todos los esclavos que se sumaran a la lucha o fueran impedidos; e instó a sus paisanos a cumplir con el deber de libertar a Puerto Rico.

En la mañana del 24, una fuerza rebelde de unos 300 o más intentaron tomar el pueblo de San Sebastián del Pepino.Confiados en el apoyo de la milicia local, fueron sorprendidos por las autoridades alertadas de antemano. En la Batalla del Pepino los insurgentes sufrieron varios muertos y heridos. Desconociendo estas acciones, Betances se encontraba en St. Thomas donde las autoridades danesas le confiscaron el barco con 300 rifles, un cañón y miles de municiones. Al quedar aislados y desconectados, los revolucionarios resolvieron replegarse en pequeños grupos por la zona montañosa del oeste. En definitiva, extendiéndose hasta diciembre el Gobierno logró una contraofensiva y la derrota militar de la insurrección. Matías Brugman, Baldomero Baurén (Guayubín), Joaquín Parrilla y otros revolucionarios murieron en enfrentamientos posteriores con los militares. 


Hay documentación oficial conocida de alrededor de 600 presos. El Gobernador, general Sanz destacó el peligro que representaba el Grito de Lares al encontrarse involucrados “individuos de todas las clases que componen esta sociedad?. De la muestra de prisioneros: 39% jornaleros, 18% de clases medias, 15% labradores, 10% esclavos, 7% comerciantes, 6.5% artesanos, 4.5% hacendados. En las cárceles de Arecibo y Aguadilla murieron 85 prisioneros del Grito. Entre los arrestados en Lares figuran Mariana Bracetti y Obdulia Serrano, esposas de los hermanos Manuel y Miguel Rojas, y en el pueblo de Juana Díaz, la morena libre Francisca Brignoni, que abogaba por la libertad de los esclavos: son apenas una muestra de las incontables mujeres, la mayoría anónimas, que también integraban las sociedades secretas o simpatizaban con la causa independentista. 

Si hubiesen logrado desencadenar la revolución más coordinada y en puntos diversos a la vez, Sanz informó al Gobierno de España, que probablemente los vencedores iban a ser los puertorriqueños en armas. En Puerto Rico se produjeron manifestaciones populares a favor de la excarcelación de los presos y contra las penas de muerte impuestas a Manuel Rojas, Rodulfo Echevarría, Pedro Segundo García, Clodomiro Abril, Ignacio Balbino Ostolaza, Andrés Pol y Leoncio Rivera. Y en Madrid, Eugenio María de Hostos, Manuel Alonso y otros puertorriqueños prominentes intercedieron éxitosamente con el presidente Francisco Serrano, que acababa de dirigir una revolución antimonárquica en España. El 25 de enero de 1869 el Gobierno decretó una Amnistía General. Pero muchos patriotas como Betances, Rojas, Lacroix, Aurelio Méndez, y muchos más se vieron obligados al exilio.

Sin embargo, es un hecho histórico que más que por las gestiones reformistas, fue al calor del Grito de Lares que el Gobierno de España, a partir de 1869, permitió la formación de algunos partidos políticos (conservador y liberal-reformista) y la libertad de prensa y reunión (aunque bajo censura y con licencia), y se allanó el camino para la abolición definitiva de la esclavitud y del régimen jornalero precapitalista en 1873. Fue de 1870 en adelante y hasta el fin de la dominación española en 1898 que en Puerto Rico se vivió una efervescencia cultural y de afirmación puertorriqueña y se intensificaron los reclamos por el gobierno propio en sus vertientes autonomistas e independentistas.



Autor: Dr. Francisco Moscoso
12 de septiembre de 2014
Copiado de:  http://www.enciclopediapr.org/esp/article.cfm?ref=06101303&page=4

Consecuencias del descubrimiento de América

CONSECUENCIAS DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA


Las consecuencias del descubrimiento fueron varias, tanto para Europa como para América, y tanto de tipo económico, social, político o cultural.


A) CONSECUENCIAS PARA AMÉRICA
Entre las consecuencias económicas para América destacan la introducción de nuevos cultivos adaptados al clima americano. El mejor ejemplo es el del café. Hoy el mejor café del mundo es el de Sudamérica, tanto el colombiano como el brasileño. El trigo lo introdujeron frailes españoles en Ecuador.

Entre las consecuencias sociales surgen las más dramáticas: mortalidad masiva de indígenas (guerras, trabajos forzados y epidemias nuevas), introducción de dos nuevas razas (blanca y negra), y cruce masivo racial entre indios y blancos: mestizos; entre negros y blancos: mulatos; entre negros e indios: zambos. Esta mezcla racial es la seña de identidad de la América actual. Los asiáticos llegaron en el siglo XIX, tras las emencipaciones. La esclavitud se convierte en vergonzosamente normal en América hasta finales del siglo XIX. Una nueva clase social triunfa: la burguesía criolla (americanos de origen europeo), que será la gran protagonista de la vida americana en abierta rivalidad con los funcionarios metropolitanos europeos.

Entre las consecuencias políticas se produce la caída de los imperios precolombinos: aztecas, mayas o incas, entre los más destacados, así como todo una cultura global indoamericana. Los indios de las zonas más inaccesibles (las selvas amazónicas, las planicies al norte de México o las pampas y extremo sur de Chile) escapan a este proceso y resisten la conquista hasta que son vencidos por los nuevos gobiernos republicanos independientes del siglo XIX .

Entre las consecuencias culturales, la cultura europea se introduce en todos los ámbitos de la vida, a veces incorporando rasgos indígenas. La cultura aborigen se ve relegada a los ámbitos religioso o familiar: se adaptan ritos prehispánicos al catolicismo, y se conservan las viejas lenguas quechua, aymara o náhuath entre otras muchas.

B) CONSECUENCIAS PARA EUROPA
Entre las consecuencias económicas hay que destacar cómo cultivos americanos se adaptan al clima europeo y revolucionan los hábitos alimenticios del Viejo Continente: patatas, maíz o tomates, los cuales salvaron del hambre a millares de personas. El comercio ultramarino se desarrolla grandemente y supera incluso al interior, revolucionando precios (inflación) y ciudades portuarias como Sevilla o Lisboa.

Entre las consecuencias sociales hay que destacar los millones de europeos que emigran a tierras americanas durante más de cuatrocientos años. Destaca el fenómeno del indiano: el caso del emigrante en América que abandonó su aldea sin nada y que vuelve rico a su población de origen al cabo de los años. La burguesía comercial europea se enriquece con este comercio ultramarino y logra su ascenso social, preparando su futura "revolución" a fines del siglo XVIII e inicios del XIX.

Entre las consecuencias políticas destacables es el nacimiento de los imperios europeos: español, portugués, inglés, francés u holandés, y las guerras entre ellos por el dominio de las riquezas del continente americano y nuevos territorios. La piratería oceánica es el fenómeno más significativo de guerras en alta mar, amparada por los sucesivos gobiernos metropolitanos. También los frecuentes ataques a puertos americanos por parte de las armadas europeas. En 1494, apenas descubierta América, se repartiron sus nuevas tierras los castellanos y los portugueses mediante la firma del Tratado de Tordesillas, por el que Brasil formaría parte de las posesiones lusitanas hasta Indonesia, mientras que los castellanos dominarían el resto: de Filipinas a la frontera con Brasil.

Entre las consecuencias culturales decir que se estimuló el conocimiento casi total del mundo, con los viajes y expediciones geográficas: primera vuelta por Elcano, tras la muerte de Magallanes, conocimiento de nuevas especies y minerales, dimensiones geodésicas, nueva cartografía, etc.

C) CONCLUSIÓN
Los cambios fueron tan grandes, tanto en América como en Europa, que se puede hablar de una nueva edad histórica nueva que rompe con el Medievo: el nacimiento del mundo moderno, renacentista, de predominio de la civilización occidental.

D) EL CASO ESPAÑOL. España pasó de ser un conjunto de pequeños reinos ibéricos medievales a dominar un inmenso territorio de ultramar, así como el vecino Portugal. Una problemática nueva para la Península Ibérica.

1. Las técnicas comerciales revolucionaron el país y permitieron la llegada de exóticos productos y oro y plata americanos, trayendo una gran revolución de los precios.
2. El desarrollo de la burguersía comercial española trajo como consecuencia el auge del puerto fluvial de Sevilla hasta inicios del siglo XVIII y, desde entonces, el de Cádiz. La vieja ciudad hispalense almohade se convierte en una de las grandes ciudades de Europa. El regreso algunos de los emigrados dio el nuevo tipo social del indiano enriquecido.
3. El nacimiento del vasto imperio por administrar hizo necesario el establecimiento de una capital estable donde asentar la enorme burocracia. Madrid se convertirá (Felipe II la designa Corte en 1561) en esa capital ya definitiva frente a la tónica anterior de tener una capitalidad itinerante por Castilla. Las tradicionales buenas relaciones con Inglaterra se rompen por estos motivos coloniales principalmente, siendo el principal enemigo entre fines del siglo XVI e inicios del XIX. Las enemistades con Francia o Portugal se complican aún más.
4. Se desarrollan las expediciones geográficas o científicas para desarrolar las incipientes ciencias: viaje de Elcano alrededor del mundo (siglo XVI); los viajes cartográficos de Jorge Juan y Ulloa para medir el ecuador, o el exploratorio de Malespina por toda América (siglo XVIII). Personajes como Celestino Mutis destacaron en el campo de la botánica, incluso el "inca" Garcilaso en el campo literario.

EN DEFINITIVA, tras las emancipaciones del siglo XIX, España continuó manteniendo sus contactos con el Nuevo Continente (con mayor o menor acierto: guerras neocoloniales en México, República Dominicana, Guerra Hispano-sudamericana de 1866, entre los errores;  emigración de trabajadores en masa al Cono Sur americano hasta mediados del siglo XX, entre los aciertos) hasta la actualidad, a inicios del siglo XXI, con los inmigrantes latinoamericanos en España.

NOTA DEL AUTOR DE ESTA ENTRADA
En el momento de escribir esta nota el reloj marca las 0 horas y 5 minutos de la noche  ya del día 3 de junio de 2013. La entrada se escribió en marzo de 2009 (justo en la víspera de mi primer viaje a ese maravilloso continente, es decir de mi particular descubrimiento en tierras peruanas, el cual, como español, ha tenido enormes consecuencias particulares para mí) por lo que ya hace cuatro años y más de dos meses desde entonces. Como autor del blog me siento enormemente sorprendido del éxito de este post, el cual no tiene mayor pretensión que un simplísimo esquema de aquel trascendental hecho histórico. Cada día que me meto en las entrañas del blog, veo las entradas a diario de todos y cada uno de los países americanos en este post. Ni que decir tiene que estoy encantado de ser leído en cada uno de esos países, tanto por alumnos como de profesores que me han citado en sus blogs y como referencia documental en trabajos escolares. A todos mis lectores, tanto los pasados como los futuros, les digo:
Copiado de: http://histocliop.blogspot.com/2009/03/blog-post_24.html

miércoles, 12 de agosto de 2015

Nuevo año escolar 2015-2016

Un nuevo año que  comienza lleno de retos para todos. Para muchos nueva escuela, para otros cambios en las clases. Esperemos que nada de esto sea un impedimento para la sana convivencia. Todos debemos poner nuestro granito de arena para que este nuevo año que comienza sea uno placentero.
Como siempre les doy la bienvenida a la Biblioteca esperando que esta se onvierta en un lugar favorito de toda la comunidad escolar.

Que tengan un feliz comienzo,

Yolanda Torres, MLS
Maestra Bibliotecaria

jueves, 7 de mayo de 2015

Biblioteca Escuela de Juncal : Periódico LA VOZ DE S.U.M.A.S.

Biblioteca Escuela de Juncal : Periódico LA VOZ DE S.U.M.A.S.
Comenzando en este número de marzo habrá otra sección fija en el periódico. La sección es Mi huerto casero. En esta sección aprenderemos como cultivar nuestro propio huerto no importa cuan pequeño sea el espacio que disponemos. Estará a cargo del agrónomo Antonio Peña, maestro de agricultura.

Número de marzo del Periódico LA VOZ DE S.U.M.A.S.

Visiten la página del periódico para que vean el número de marzo