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martes, 22 de diciembre de 2015
jueves, 17 de diciembre de 2015
lunes, 14 de diciembre de 2015
lunes, 7 de diciembre de 2015
Historia de los Reyes Magos
La historia que llegó hasta nuestros días es que tres Magos –o sabios- llegaron de Oriente a Palestina, guiados por una estrella. La Biblia, más concretamente el Evangelio según San Mateo –único libro que menciona el episodio-, dice que los Magos pasaron primero por Jerusalén, donde fueron a ver a Herodes y a preguntarle por el "Rey de los judíos", que acababa de nacer. "Hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarlo".
Esto alarmó a Herodes, que consultó a sus sacerdotes y fueron ellos los que indicaron que, según la profecía, sería en Belén donde nacería el Mesías. Herodes les pidió entonces que, una vez que hubiesen encontrado al Niño, le avisaran, ya que él también quería "adorarlo".
En realidad, sus intenciones eran asesinarlo pero, dice San Mateo, esto les fue "revelado en sueños" a los Magos que entonces regresaron a su tierra por otro , evitando volver a pasar por Jerusalén.
Pero antes, vieron al Niño recién nacido: "Entraron en la , encontraron al niño con María, su , y, postrándose, lo adoraron; luego, abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra", relata Mateo.
Y eso es lo que dice el Evangelio. El relato bíblico fue luego progresivamente adornado durante la Edad Media. Poco a poco, los Magos se convirtieron en Reyes y se los bautizó Gaspar, Melchor y Baltasar.
Custodios de los tesoros de Adán
El Libro de la Caverna de los Tesoros es un escrito del siglo VI que busca establecer las genealogías de los patriarcas bíblicos y de los reyes de Israel y de Judá a fin de probar que Jesucristo desciende de Adán.
En ese texto se dice que los presentes que los Magos orientales llevaron a Jesús habían sido depositados por el mismísimo Adán en Persia, en el monte Nud (nombre que significa paraíso), para que fuesen llevados al Mesías, cuya llegada sería anunciada por una estrella de extraordinario tamaño.
De generación en generación, dice el libro, doce magos eran encargados de acechar el cielo para descubrir la señal esperada. Para ello debían subir cada año al monte Nud y rezar allí por tres días observando el firmamento. Así fue como un día vieron la estrella que les indicó que el momento había llegado, tomaron entonces los presentes y emprendieron el viaje hacia Palestina.
Aunque por un tiempo se habló de muchos magos, hasta doce como lo señala el Libro de la Caverna, finalmente el número se estabilizó en tres. Fue en buena medida a partir de la cantidad de regalos que se empezó a hablar de tres Magos. Un número simbólico además, ya que representa la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).
Desde el siglo VI llevan los nombres que hoy conocemos y que los han convertido en leyenda.
La leyenda dorada
A fines del siglo XIII, Jacobus de Voragine (1228-1298), cronista italiano y Obispo de Génova, escribió un libro llamado La leyenda dorada, en el cual hace el retrato de todos los santos y santas católicos e incluye a los tres Magos de Oriente, reuniendo todas las tradiciones que sobre ellos circulaban hasta el momento, incluso los nombres que se les había empezado a dar desde el siglo VI. Su descripción fue la siguiente:
"El primero de los magos se llamaba Melchor, era un anciano de cabellos blancos y larga barba. Obsequió el oro al Señor como su rey, porque el oro significa la realeza de Cristo. El segundo, llamado Gaspar, joven, sin barba, rojo de tez, rindió a Jesús, a través del incienso, el homenaje a su divinidad. El tercero, de rostro negro, luciendo toda la barba, se llamaba Baltasar; la mirra en sus manos recordaba que el Hijo debía morir".
Quedó de este modo consagrada la interpretación del significado de los obsequios, símbolo de tres características de Jesús: su realeza, su divinidad y su condición humana y mortal. La mirra era una resina aromática que se usaba en la conservación de los cuerpos.
En La Leyenda dorada, los nombres aparecen en tres idiomas, latín, hebreo y griego. Esta última versión es la que hoy usamos. En latín, los nombres de los reyes magos eran, según Voragine, Appellius, Amerius y Damascus. En hebreo, Galgalat, Malgalat y Sarathin. Y, en griego, Caspar, Balthasar y Melchior.
De Magos a Reyes y Santos
Las representaciones más antiguas de los magos los mostraban en trajes persas, con pantalones fruncidos en el tobillo y gorros frigios. Ofrecen sus presentes también según el rito persa, sosteniendo las ofrendas con las manos cubiertas por sus mantos. Fue a partir del siglo IX que se los empezó a representar como Reyes, con las testas coronadas.
Y, a partir del siglo XIII, pasaron a representar las tres edades de la vida: Gaspar, adolescente, joven, imberbe; Baltasar, hombre maduro con barba; y Melchor, un anciano calvo con barba blanca.
Primero se los consideró árabes o persas; poco a poco pasaron a representar los tres continentes hasta entonces conocidos: Asia, Europa y África. A partir del siglo XV, encarnan a toda la humanidad: un asiático, un blanco y un negro. En la catedral de Viseu, en Portugal, se ve incluso a un cuarto mago: un aborigen brasileño también ofrece presentes al recién nacido.
El título de Reyes se les empezó a dar a partir del siglo III, pero recién en torno al 1200 esa condición empezó a reflejarse en la iconografía que, además, poco a poco les fue agregando camellos y un séquito de sirvientes. Más tarde fueron considerados santos, y sus reliquias llegaron en el siglo XII a la catedral de Colonia, donde son veneradas hasta el día de hoy.
Pese a su origen misterioso, o tal vez por eso mismo, son parte de todo el folklore que rodea a las fiestas navideñas. Tienen incluso su propia fecha, el 6 de enero, día de la Epifanía (que significa revelación o aparición, en referencia a que Jesús se muestra al mundo), y en algunos países son venerados como santos que velan por el Niño Jesús en su pesebre.
Durante mucho tiempo, y en especial entre los cristianos de Oriente, la Epifanía era una fecha más importante que Navidad porque representaba el momento de la presentación del Niño Dios a los hombres.
http://informe21.com/actualidad/la-verdadera-historia-detras-de-los-reyes-magos
sábado, 5 de diciembre de 2015
Otra versión del origen de la navidad
NAVIDAD: LA VERDADERA HISTORIA DE SU ORIGEN
Aunque la Navidad es actualmente época de regalos, de celebraciones y reuniones familiares, lo cierto es que su origen responde en realidad a otros factores históricos que involucran al poderoso Imperio Romano, a ritos paganos y poco tienen que ver con el hecho histórico que conmemoran: el nacimiento del niño Jesús.
Todos sabemos que el 25 de diciembre se conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret, pero la verdad es que se desconoce la fecha exacta de este hecho histórico. El análisis de ciertos fragmentos de los evangelios, así como de otros documentos de aquella época, han permitido a los historiadores realizar diferentes hipótesis sobre el nacimiento de Jesucristo. Algunos hablan de abril o mayo, mientras que otros concluyen que fue en Septiembre u Octubre.
¿POR QUÉ SE CELEBRA EL 25 DE DICIEMBRE?
navidad-historia-y-origen-pesebre
La explicación más consistente de los historiadores es que el origen de la Navidad estuvo relacionado con una serie de decisiones tomadas por los altos mandos de la iglesia cristiana en los siglos III y IV. Entre ellas, se considera como la más determinante, la moción del Papa Julio I en 350 para establecer la navidad el 25 de diciembre. Esto fue decretado 4 años después por el Papa Liberio.
El por qué de la elección de esta fecha se relaciona con la necesidad de la recientemente oficializada religión cristiana de imponerse sobre los tradicionales cultos paganos romanos. En diciembre se celebraba -en el gran espacio ocupado por el Imperio Romano- el culto a Saturno, dios de la agricultura (principal sustento y actividad económica de estos pueblos). Las Saturnales se realizaban del 17 al 23 de diciembre, los días más cortos del año, y luego el 25 de diciembre se consideraba en nacimiento del nuevo sol.
La iglesia cristiana eligió entonces el 25 de diciembre como día del nacimiento de Jesús como estrategia en su proceso de expansión, en el que sistemáticamente buscó absorber y fusionar sus celebraciones con los ritos paganos de los diversos pueblos convertidos.
El ritual de la navidad fue evolucionando con los siglos, lo que festejamos hoy día es muy distante de estas primeras navidades, y responde principalmente a costumbres originarias del siglo XIX y a la influencia de la sociedad de consumo.
De todos modos, la verdadera historia del origen de la navidad no debe distanciarnos de nuestras creencias personales y familiares. Puesto que la esencia de estas fiestas trasciende lo histórico, y reside en lo espiritual, y está muy bien que así sea.
Os deseamos una feliz navidad de parte de todo el equipo de Sobrehistoria.com
http://sobrehistoria.com/navidad-historia-y-origen/
Aunque la Navidad es actualmente época de regalos, de celebraciones y reuniones familiares, lo cierto es que su origen responde en realidad a otros factores históricos que involucran al poderoso Imperio Romano, a ritos paganos y poco tienen que ver con el hecho histórico que conmemoran: el nacimiento del niño Jesús.
Todos sabemos que el 25 de diciembre se conmemora el nacimiento de Jesús de Nazaret, pero la verdad es que se desconoce la fecha exacta de este hecho histórico. El análisis de ciertos fragmentos de los evangelios, así como de otros documentos de aquella época, han permitido a los historiadores realizar diferentes hipótesis sobre el nacimiento de Jesucristo. Algunos hablan de abril o mayo, mientras que otros concluyen que fue en Septiembre u Octubre.
¿POR QUÉ SE CELEBRA EL 25 DE DICIEMBRE?
navidad-historia-y-origen-pesebre
La explicación más consistente de los historiadores es que el origen de la Navidad estuvo relacionado con una serie de decisiones tomadas por los altos mandos de la iglesia cristiana en los siglos III y IV. Entre ellas, se considera como la más determinante, la moción del Papa Julio I en 350 para establecer la navidad el 25 de diciembre. Esto fue decretado 4 años después por el Papa Liberio.
El por qué de la elección de esta fecha se relaciona con la necesidad de la recientemente oficializada religión cristiana de imponerse sobre los tradicionales cultos paganos romanos. En diciembre se celebraba -en el gran espacio ocupado por el Imperio Romano- el culto a Saturno, dios de la agricultura (principal sustento y actividad económica de estos pueblos). Las Saturnales se realizaban del 17 al 23 de diciembre, los días más cortos del año, y luego el 25 de diciembre se consideraba en nacimiento del nuevo sol.
La iglesia cristiana eligió entonces el 25 de diciembre como día del nacimiento de Jesús como estrategia en su proceso de expansión, en el que sistemáticamente buscó absorber y fusionar sus celebraciones con los ritos paganos de los diversos pueblos convertidos.
El ritual de la navidad fue evolucionando con los siglos, lo que festejamos hoy día es muy distante de estas primeras navidades, y responde principalmente a costumbres originarias del siglo XIX y a la influencia de la sociedad de consumo.
De todos modos, la verdadera historia del origen de la navidad no debe distanciarnos de nuestras creencias personales y familiares. Puesto que la esencia de estas fiestas trasciende lo histórico, y reside en lo espiritual, y está muy bien que así sea.
Os deseamos una feliz navidad de parte de todo el equipo de Sobrehistoria.com
http://sobrehistoria.com/navidad-historia-y-origen/
Historia de la navidad
La Navidad representa para el mundo cristiano el resurgimiento de la esperanza de salvación que trajo consigo Jesucristo... la rememoración de su mensaje de amor, paz y redención.
Cada año desde hace aproximadamente 2.000 años, la noche del 24 de diciembre se festeja la Noche Buena y al siguiente día laNatividad.
Sin embargo, la fecha exacta del nacimiento de Jesús es uno de los tantos misterios aún por desentrañar acerca de su vida. El año en que ocurrió este acontecimiento bien pudo ser entre el ocho y el cuatro antes de nuestra era; y en lo que respecta al día, se dice que los primeros cristianos tenían la creencia de que había sido un 25, aunque podía haber sido entre marzo y diciembre.
Lo importante para el mundo cristiano era recordar el nacimiento del niño Jesús en Belén y mantener viva su Palabra, y así, se eligió el mes en que se desarrollaban las celebraciones más relevantes. En Roma, las Saturnalia eran fiestas dedicadas al dios Saturno en las cuales abundaban cantos y vinos; las Sigillaria, era la fiesta de las muñecas; las Brumalia, conmemoraban el nacimiento del sol; las Juvenalia, eran festivales en honor a la juventud; las Hanukkah eran las fiestas de las luces, etcétera.
En el año 270, el emperador Aureliano consideró que si debía fijarse una fecha para conmemorar la Navidad, ésta debía coincidir con otras festividades entre las que destacaba la del 25 de diciembre, las Brumalia o renacimiento del Sol. Fue hasta mediados del siglo IV, cuando la Iglesia Romana determinó esa fecha como el día de la Natividad y el seis de enero como el de la Adoración de los Reyes Magos.
Al paso de los años, el cristianismo fue extendiéndose, y aunque la Iglesia cristiana trataba de impedir que las tradiciones y celebraciones paganas "empañaran" los festejos por el nacimiento de Jesucristo, las nuevas modalidades fueron enriqueciendo la fiesta navideña para que no dejara de sentirse el regocijo por la llegada de Jesús.
http://www.icarito.cl/enciclopedia/articulo/primer-ciclo-basico/historia-geografia-y-ciencias-sociales/identidad-y-diversidad-cultural/2010/12/45-1590-9-historia-de-la-navidad.shtml
lunes, 30 de noviembre de 2015
El jurado llora al escuchar cantar a dos niños
Esa canción trata sobre el bullying y la escribió uno de los cantantes. Estén atentos a la letra.
lunes, 23 de noviembre de 2015
Historia del Día de Acción de Gracias
La Historia
Una de las historias más cortas de Occidente (la norteamericana) se presenta ante nosotros como una aventura ejemplar, intensa y exaltadora. En una superficie de unos nueve millones y medio de kilómetros cuadrados, un puñado de hombres de orígenes dispares lograría hacer de su nueva patria, la primera potencia económica y política del planeta a fuerza de tesón, heroísmo y fortaleza.
En 1607 el capitán John Smith, había fundado la colonia de Virginia en Jamestown fue aquel año en el que se realizaron las primeras expediciones a Virginia, las cuales no encontraron las riquezas en metales que esperaban encontrar, viendo solamente recompensados sus esfuerzos con el cultivo del tabaco el cual por el tipo de clima de la región se prestaba para su cultivo. A ello es importante destacar que las primeras cartas de "libre asentamiento" en América del Norte fueron otorgadas por la reina Isabel a sir Walter Raleigh, el cual ejerció derechos en Virginia honorando a la reina. Una Asamblea legislativa fue constituida en el año 1619 instaurando la primer forma parlamentaria en América, Virginia a tal momento se encontraba regida de modo diferente al de las colonias que habían sido fundadas en Plymouth, en las cercanías de la bahía de Massachussetts, que luego constituiría a la actual Nueva Inglaterra la cual recibiría en el año 1620 los célebres padres peregrinos a bordo del Mayflower caracterizándose por ser puritanos disidentes buscadores de libertad religiosa que no pudieron encontrar en Inglaterra a causa de la persecución religiosa llevada a cabo por Jacobo I al imponer durante su reinado entre 1603 y 1625 el anglicanismo a todos los súbditos. Con la ayuda financiera de un grupo de comerciantes londinenses, zarparon de Inglaterra en el Mayflower en 1620. Los puritanos, a los que se les acabó conociendo como los “Peregrinos” (Pilgrims), arribaron al cabo Cod y fundaron la colonia de Plymouth, pero antes de desembarcar redactaron el “Pacto del Mayflower”, que ligaba a los firmantes a una forma de “entidad política civil” que continuaría siendo la base del gobierno a lo largo de la historia de la colonia.
Los Peregrinos que celebraron la primera acción de gracias en Plymouth en 1621, habían salido de Inglaterra para Holanda en 1608, perseguidos por sus creencias religiosas. En 1620 decidieron zarpar para la Colonia Virginia. Al llegar a Plymouth, Massachusetts, conocieron al indígena Squanto, quien les ayudó a sobrevivir el crudo invierno. Muchos murieron debido a la pulmonía y el escorbuto. Al cosechar su primer maíz decidieron hacer una fiesta para celebrar. Los soldados desfilaron, tocaron trompetas, y dispararon cartuchos en blanco. Invitaron a 90 indígenas, quienes compitieron con ellos en carreras y saltos, y llevaron cinco ciervos para la comida, que incluía pato, ganso, venado, mariscos, pan blanco, pan de maíz, y verduras. Según la historia, en esta primera celebración no se incluyó el pavo, ni la salsa de arándano, ni la torta de calabaza, que son los platos favoritos del Día de Acción de Gracias moderno.
En noviembre de 1623, después de recolectar la cosecha, el gobernador de la colonia de peregrinos "Plymonth Plantation" en Plymonth, Massachusetts, declaró:
Este es el origen de nuestra celebración anual del día de acción de gracias. En los años siguientes, el congreso de los Estados Unidos proclamó en varias ocasiones el día de acción de gracias al todo poderoso. Finalmente, el 1° de noviembre de 1777 fue oficialmente declarado como día feriado:
De nuevo, el 1º de enero de 1795, el primer presidente, George Washington, escribió su famosa proclamación de acción de gracias, en la cual él dice que es...
El jueves, 19 de febrero de 1795, George Washington aparto así ese día como el día nacional de acción de gracias.
Muchos años después, el 3 de octubre de 1863, Abraham Lincoln, proclamó por carta del congreso, un día nacional de acción de gracias. "El último jueves de noviembre, como un día de acción de gracias y adoración a nuestro padre benefactor, quien mora en los cielos" en esta proclamación de acción de gracias, el 16º presidente dice que es...
Por eso es que cada año en el día de acción de gracias, los americanos dan acción de gracias a Dios todopoderoso por todas sus bendiciones y misericordias durante el año. Esta fiesta se aprovecha para hacer grandes reuniones familiares. Por la mañana se acostumbra ver por televisión el gran desfile del Almacén Macy's en Nueva York, el cual incluye bombas gigantescas, carrozas, bandas, figuras de los personajes más conocidos por los niños, y hasta Santa Claus aparece, pues para muchos esta fecha marca el principio de la época navideña.
Las familias se reúnen para una comida opípara que incluye el pavo relleno, ensalada de papas, las batatas, la salsa de arándano, el puré con salsa de carne, el pan de maíz, la cebolla en salsa blanca, el pastel de calabaza, y los pasteles de platano, guineo y yautia, aparecen con sus morcillitas por el lado. Por la tarde se ven partidos de fútbol americano por televisión. Los deportes han sido parte importante de esta celebración desde el principio, por supuesto en la cultura norteamericana. En Puerto Rico mas que nada, es un día para la reunión familiar.
GRACIAS SEÑOR
Por esta fuerza interior que nos has dado y por permitirnos perseverar día a día en la Fe y no extinguir la Esperanza. Por esa luz que nos das para comprender mejor cada día el rumbo de tus designios que nada tienen que ver con los que este mundo maneja. Y si a veces nos dejas sufrir y otras también llorar, tambien nos haces sonreir, sabiendo que de esta manera que lo que Tú lo dispones, será para bien de todos aunque no siempre así lo entendamos.
Gracias Señor, por permitirnos ver despuntar cada mañana la aurora, gozar con la presencia del sol y al descansar de nuestra diaria jornada, quedarnos embelezados con el resplandor del lucero. Gracias Señor, por los colores pintados en cada flor del jardín y del suave o embriagante perfume que cada una de ellas se desprende. Gracias por la variedad prodigiosa de frutos que la tierra nos da y por el grato sabor del pan que se amasa cada mañana. Gracias por hacernos gustar de la dulce canción del arroyo escurriéndose entre las piedras y del polifónico coro de aves desparramándose por el bosque. Gracias Señor, por hacernos sentir todavía las inclemencias del tiempo pues es señal de la vida que aún palpita en nosotros. Gracias por hacernos felices con la sonrisa y mirada de un niño que en su pasajera inocencia nos trae el recuerdo de cuando nosotros también lo fuimos. Gracias Señor, por abrirnos los ojos frente a tu mensaje divino, naciendo en una pobre y humilde cuna. Es en la humildad verdadera donde Tú te instalaste para dar comienzo a tu grandiosa empresa. No fue en la ostentación u opulencia, en la soberbia o ambición. La contradicción, la paradoja, son parte de ese lenguaje que sueles usar para confundír este mundo que sólo sueña en el triunfo que está basado sobre el poder, el dinero o la gloria. ¿Qué fue sino su nacimiento en un mísero portal? ¿O aquél que se haya valido de un puñado de pescadores ignorantes y rudos para la conquista de un mundo y así lo haya obtenido? Por fin gracias, Señor por permitirnos estar con nuestros seres queridos este día tan especial y así todos unidos en franco y cordial abrazo decirnos que nos queremos y levantando en alto las copas brindar por la paz del mundo y para que nunca nos falte a todos los que pisamos esta tierra, ni la salud, ni el pan, ni el trabajo.
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sábado, 21 de noviembre de 2015
viernes, 20 de noviembre de 2015
jueves, 19 de noviembre de 2015
martes, 17 de noviembre de 2015
lunes, 19 de octubre de 2015
Descubirimiento de Puerto Rico
El Descubrimiento de Puerto Rico
O b r a d i s e ñ a d a y c r e a d a p o r H é c t o r A. G a r c í a
Segundo viaje de Colón: Descubrimiento de Puerto Rico
Sintesis histórica de Puerto Rico - Repaso
Historia Precolombina - Repaso
Indios Tainos - Repaso
Descubrimiento de Puerto Rico y Colonización - Repaso
Examen General de Historia de Puerto Rico - Examen General
Historia de Puerto Rico Todos los temas
Galeria de imagenes del Descubrimiento
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Trabajo realizado por: Héctor A. García / Director y creador del Proyecto Salón Hogar
19 de noviembre de 1493 Siguiente página >>>>>
Los Reyes Católicos se sienten muy entusiasmados con los resultados del primer viaje de Colón, y lo autorizan para preparar una nueva expedición y emprender el segundo viaje.
La nueva expedición parte de Cádiz el día 25 de septiembre de 1493. La flota está compuesta de 17 embarcaciones y 1500 hombres. La primera islita que descubren en este viaje pertenece a las Antillas Menores y le ponen el nombre de Dominica. Pasan a otras pequeñas islas del mismo grupo y finalmente a una isla mayor que los naturales llaman Boriquén o Borinquen; la descubren el 19 de noviembre de 1493. Esta isla es la nuestra, es Puerto Rico, a la que Colón pone por nombre San Juan Bautista.
De San Juan Bautista parten los exploradores rumbo a La Española, de allí a Cuba y más tarde, desviándose hacia el sur, descubren la isla de Jamaica. Esta vez parte de Sanlúcar de Barrameda y va a tocar las costas de la América del Sur. Cuando vuelve a La Española encuentra discrepancias entre los hombres que han quedado al mando de don Diego de Arana. Se han producido muchas quejas y hasta un motín que decide al rey a mandar a Francisco de Bobadilla para que realice una investigación; Bobadilla no es un juez imparcial y envía a Colón para España en calidad de prisionero.
A continuación documento historico sobre el descubrimiento de Puerto Rico, fuente: Cayetano Coll y Toste: Boletín Histórico de Puerto Rico. Esta escrito en el español de aquella época. (San Juan, Puerto Rico, Tip. Cantero, Fernández y Co., 1917). Tomo IV. Págs. 108-110.
Documentos históricos
Proyecto Salón Hogar
uego aquel día partimos desta isla, que no estaríamos allí más de seis ó siete horas, fuimos para otra tierra que paresció á ojo que estaba en el camino que habíamos de hacer: llegamos noche cerca de ella.
Otro día de mañana fuimos por la costa della: era muy gran tierra, aunque no era muy continua, que eran más de cuarenta y tantos islones, tierra muy alta, é la más de ella pelada, la cual no era ninguna ni es de las que antes ni después habemos visto. Parescía tierra dispuesta para haber en ella metales: á ésta no llegamos para saltar en tierra, salvo una carabela latina llegó á un islón de éstos, en el cual hallaron ciertas casas de pescadores. Las indias que traíamos dijeron que no eran pobladas.
Andovimos por esta costa lo más de este día, hasta otro día en la tarde que llegamos á vista de otra isla llamada Burenquen, cuya costa corrimos todo un día; juzgábase que tendría por aquella banda treinta leguas. Esta isla es muy muy hermosa y muy fértil á parecer: á ésta vienen los de Caribe á conquistar, de la cual llevan mucha gente; éstos no tienen fustas ningunas ni saben andar por mar; pero, según dicen estos Caribes que tomamos, usan arcos como ellos, é si por caso cuando los vienen á saltear los pueden prender también se los comen como los de Caribe á ellos.
En un puerto desta isla estovimos dos días, donde saltó mucha gente en tierra; pero jamás podimos haber lengua, que todos se huyeron como gente temorizada de los Caribes.
Todas estas islas fueron descubiertas de este camino, que hasta aquí ninguna dellas había visto el Almirante el otro viaje, todas son muy hermosas é de muy buena tierra; pero ésta paresció mejor á todos...".
Descubrimiento y organización colonial :
Las naves de Cristóbal Colón, en su segundo viaje a América, entraron el 19 de noviembre de 1493 en Puerto Rico, desembarcando en algún punto entre Aguadilla y Mayaguez, aunque se da como un hecho que fue por Aguada por el sector Guaniquilla por donde está la playa de Aguada. Colón tomó posesión de la isla y la bautizó con el nombre de San Juan Bautista. En 1505, la colonización de la isla fue acometida por Juan Ponce de León.
Ponce de León consiguió permiso para explorarla e inició dicha colonización en 1508, fondeando en un buen puerto natural al que denominó Puerto Rico. El nombre de San Juan, como fue bautizado por Colón, pasó a designar con el tiempo el lugar donde había desembarcado Ponce de León. Con el tiempo la denominación se aplicó a la totalidad de la isla.
En 1509 se fundó la Villa de Caparra, en las proximidades de las hoy ciudades de Bayamón y Guaynabo, y la villa de Sotomayor, en el litoral occidental.
En 1510, Cristóbal de Sotomayor, compañero de Ponce de León, fundó Tavara, aldea abandonada poco después a causa de los mosquitos, y un año después estableció el poblado que lleva su apellido, en el lugar donde hoy se asienta la población de Aguada.
En 1512 se fundó en la desembocadura del río Grande de Añasco la población de San Germán, que, debido al ataque de los indios caribes, se trasladó en 1574 a las Lomas de Santa Marta. Los indios, al principio, no ofrecieron gran resistencia al proceso de conquista, ya que tomaron a los conquistadores por dioses que cumplían su promesa de regresar.
Un cacique indio llamado Urayoán creó las condiciones de una rebelión y comenzó a desvanecer la superstición de su pueblo: la leyenda cuenta como Diego de Salcedo, sumergido en el agua por los indígenas, se ahogó. Fue llevado a la aldea y observado por los taínos para ver si volvía a la vida... la ley de los dioses quedó rota al comprobar cómo el conquistador no resucitaba. La inmediata rebelión indígena, que fue aplastada tras cuatro años de lucha, finalizó con la derrota de las huestes de Agueybana, el último cacique isleño. La resistencia continuaría en el interior montañoso, aunque, debido a la represión de la rebelión, se aceleró el despoblamiento indígena de Borinquén, ya que muchos taínos se refugiaron en las islas situadas al Este de la principal.
En 1511, Ponce de León se vio obligado a entregar sus poderes, al ser entronizado Diego Colón en el gobierno de las Antillas.
A partir de esta fecha, la isla estuvo regida por tenientes gobernadores enviados desde La Española. En cada una de las incipientes villas la vida municipal era regida por un cabildo, del que dependían diversas aldeas y caseríos.
En 1514 se repartieron 14,600 indios entre los conquistadores, que los dedicaron principalmente a la minería. La economía se estructuró sobre la base de la producción aurífera y del cultivo agrícola (yuca, caña de azúcar).
En 1519 se hacía el primer repartimiento de indios.
La población indígena mermó considerablemente debido a las nuevas enfermedades (sarampión, viruela, gripe) traídas por los europeos, a las guerras, al duro trabajo (sobre todo minero), a la emigración y al mestizaje.
La mortandad de los indígenas trajo consigo la importación de esclavos negros procedentes del golfo de Guinea, en África, que comenzaron a llegar a partir de 1518.
La acción de los huracanes se hizo sentir violentamente en diversos años: 1526, 1530 y 1537.
Con el comienzo de la colonización del Perú, en 1529, dio inicio un rápido proceso de despoblamiento de la isla, y así, en 1534 llegaron emisarios de Pizarro para comprar caballos y muchos de los colonos se marcharon con ellos a Perú.
En la cuarta década del siglo XVI los yacimientos de oro ya estaban prácticamente agotados, y en 1570 se declaró oficialmente el agotamiento de las minas de oro en Puerto Rico. A la explotación del oro siguió la de la caña de azúcar y el cultivo del jengibre, y en 1636 se daría inicio al cultivo del cacao.
En la década de 1520 hubo un primer intento de desarrollar en Puerto Rico la industria azucarera, y Tomás de Castellón intentó desarrollar un ingenio de azúcar en el antiguo partido de San Germán, en el área actual de Añasco.
En 1582 había 11 ingenios que producían 15.000 arrobas anuales. El cultivo del jengibre, raíz altamente cotizada en Europa tanto para el condimento de las comidas como para la infusión, comenzó en 1582, y en 1593 fueron embarcados 2.089 quintales de jengibre desde Puerto Rico hacia Sevilla. Este producto acabaría siendo desplazado en el siglo XVIII por el café. Debido a que el interés metropolitano se había desplazado hacia los grandes virreinatos continentales, no existía en las Antillas una organización comercial que permitiese el fácil acarreo de productos hacia mercado europeo.
Ya en 1536 habían sido traspasados los derechos de la familia de Colón a la Corona. Se intentó regir la isla a través de los respectivos alcaldes ordinarios de la capital y San Germán, aunque la iniciativa duró poco.
En 1544, la monarquía decidió gobernar la isla por medio de jueces letrados que al principio fueron nombrados por la Audiencia de Santo Domingo y más tarde por la metrópoli;
En 1582 se produjo la creación como institución de la Capitanía General de Puerto Rico.
En 1586 España estableció, para la isla, una ayuda económica llamada el situado mexicano.
Sinopsis
El 25 de septiembre de 1493 se iniciaba el segundo viaje de Colón. Las prisas por organizar esta segunda travesía hay que atribuirlas a los deseos del Almirante de demostrar que había llegado a Asia y al temor de los Reyes Católicos a que sus rivales portugueses intentasen algún tipo de exploración por los nuevos territorios, ya que según el Tratado de Alcaçovas les pertenecería cualquier descubrimiento realizado al sur de las Islas Canarias.
Esta nueva expedición no era ya sólo un viaje de descubrimiento, sino de conquista: con los marineros iban colonos ansiosos por encontrar las riquezas que había descrito Colón, religiosos para convertir a los nativos, llevar animales domésticos y plantas para poner aquellas tierras en producción.
En cuanto a los descubrimientos de este segundo viaje merece destacar la llegada a Puerto Rico y Jamaica, y el descubrimiento de que los voluntarios que se quedaron en el primer viaje estaban todos muertos como resultados de luchas internas y de las venganzas de los nativos a los cuales los españoles habían robado y maltratado.
Este segundo viaje provocó muchas tensiones entre los españoles que no encontraron las riquezas fáciles que buscaban (oro y especias) y las primeras revueltas de los nativos contra los invasores. Además Colón fue incapaz, por supuesto, de encontrar el más mínimo rastro de las ricas y poderosas civilizaciones asiáticas. Algunos españoles muy descontentos escaparon hacia la península de manera que cuando Colón regresó a España tuvo que enfrentarse a los relatos contrarios a su persona que estos habían difundido.
Respecto a Puerto Rico
Habiendo las naves de Cristóbal Colón, en su segundo viaje a América, descubierto a Puerto Rico un 19 de noviembre de 1493 este tomó posesión de la isla para Castilla y la bautizó con el nombre de San Juan Bautista. Tras una tentativa infructuosa de Vicente Yáñez Pinzón, en 1505, la colonización de la isla fue acometida por un antiguo compañero de Colón, Juan Ponce de León, que se hallaba bajo el patrocinio del gobernador de las Indias, Nicolás de Ovando. Ponce de León consiguió permiso para explorarla e inició dicha colonización en 1508, fondeando en un buen puerto natural al que denominó Puerto Rico. El nombre de San Juan, como fue bautizado por Colón, pasó a designar con el tiempo el lugar donde había desembarcado Ponce de León. Con el tiempo la denominación se aplicó a la totalidad de la isla.
En 1509 se fundó la villa de Caparra, en las proximidades de las hoy ciudades de Bayamón y Guaynabo, y la villa de Sotomayor, en el litoral occidental. En 1510, Cristóbal de Sotomayor, compañero de Ponce de León, fundó Tavara, aldea abandonada poco después a causa de los mosquitos, y un año después estableció el poblado que lleva su apellido, en el lugar donde hoy se asienta la población de Aguada. En 1512 se fundó en la desembocadura del río Grande de Añasco la población de San Germán, que, debido al ataque de los indios caribes, se trasladó en 1574 a las Lomas de Santa Marta.
Como los indios, al principio, no ofrecieron gran resistencia en el proceso de conquista, ya que tomaron a los conquistadores por dioses <>. Un cacique indio llamado Urayoán creó las condiciones de una rebelión y comenzó a desvanecer la superstición de su pueblo: la leyenda cuenta como Diego de Salcedo, sumergido en el agua por los indígenas, se ahogó. Fue llevado a la aldea y observado por los taínos para ver si volvía a la vida... la ley de los dioses quedó rota al comprobar cómo el conquistador no resucitaba. La inmediata rebelión indígena, que fue aplastada tras cuatro años de lucha, finalizó con la derrota de las huestes de Agueybana, el último cacique isleño. La resistencia continuaría en el interior montañoso, aunque, debido a la represión de la rebelión, se aceleró el despoblamiento indígena de Borinquén, ya que muchos taínos se refugiaron en las islas situadas al este de la principal.
SABÍAS QUE…
Cristóbal Colón realizó cuatro viajes, en total, hacia el Nuevo Mundo.
Su primer viaje, iniciado el 03 de agosto de 1492, culminó con el descubrimiento de una pequeña isla, territorio correspondiente a lo que más tarde se denominaría América, el 12 de octubre de 1492.
La Isla donde desembarcó Cristóbal Colón, a la que los indígenas llamaban Guanahaní y Colón, San Salvador, pertenece al grupo de las Bahamas y actualmente está registrada como isla de Watling.
Durante los casi tres meses que Cristóbal Colón permaneció en las tierras recién descubiertas se dedicó a explorar la región.
De las primeras exploraciones realizadas por Colón, éste descubrió la:
Isla de Cuba a la que llamó Juana en honor a Juan, el hijo de los Reyes Católicos.
Isla de Haití, a la que bautizaron con el nombre de La Española.
Martín Alonso Pinzón, al mando de La Pinta, había continuado con las exploraciones, separándose del resto de la flota y posteriormente tomó rumbo a España.
La nave capitana, La Santa María, encalló en las cercanías del cabo haitiano, más Colón logró rescatar la madera de la carabela con la que construyó en Haití, el Fuerte de Navidad, primer asiento colonial en el Nuevo Mundo.
Antes de partir nuevamente a España, Colón dejó al mando del Fuerte de Navidad, a Diego de Arana con una guarnición de 40 hombres para su defensa.
Colón, al frente de La Niña y teniendo por segundo a Vicente Yáñez Pinzón, se hizo a la mar con dirección a España el 2 de enero de 1493.
A los tres días de navegación La Niña y La Pinta se encontraron y continuaron juntas el regreso, sin embargo, un mes después, una tempestad las separaría de nuevo.
Hacia el medio día del 15 de marzo de 1493, Colón anclaba su nave en el puerto de Palos, seguido unas horas después por La Pinta.
A mediados del mes de abril, Cristóbal Colón fue recibido con gran pompa por los los Reyes Católicos, informándoles del éxito de la expedición.
Como prueba del triunfo expedicionario obtenido, Colón mostró a los Reyes Católicos a los indígenas que había traído consigo, así como los productos de las tierras descubiertas.
En dicha entrevista Colón solicitó nuevamente a los Reyes Católicos su apoyo para organizar una segunda expedición.
Con el fin de proteger sus descubrimientos en la costa africana, los portugueses consiguieron la expedición de bulas por parte del papa- en 1455-, que le otorgaba a Portugal, todas las tierras situadas al sur y el oriente de las islas Canarias.
Para evitar un posible conflicto con Portugal, los Reyes Católicos, solicitaron, a su vez, la intervención del papa Alejandro VI, para que concediera a la corona española, mediante bula, los derechos exclusivos de exploración, conquista, colonización y comercio de las tierras descubiertas y por descubrir.
España y Portugal llegaron a un acuerdo, con la anuencia del papa Alejandro VI, firmándose el Tratado de Tordesillas en 1494, en el cual se hacía una delimitación para las exploraciones y conquistas de las naciones citadas
Aún sin concluirse las negociaciones entre España y Portugal, en la primera ya se organizaba el segundo viaje de Colón.
El 25 de septiembre de 1493 zarpó rumbo al Nuevo Mundo, una flota de 17 navíos, encabezada por la Marigalante, la nave capitana, en la cual viajaría Cristóbal Colón.
Cristóbal Colón, el Almirante del Mar Océano, Virrey y Gobernador de las Islas que había descubierto, en este segundo viaje iba acompañado de:
Su hermano Diego Colón.
Juan de la Cosa, navegante, geógrafo y cartógrafo.
Alonso de Ojeda y Juan Ponce de León, exploradores, descubridores y conquistadores.
Fray Bernardo Boil, quien iba a cargo de algunos religiosos franciscanos y
Numerosos artesanos, labradores, mecánicos y mineros.
Entre 1493 y 1496 se llevó a cabo esta nueva expedición, dando por resultado el descubrimiento de las Antillas Menores, dándoles nombre, según las iba descubriendo: Deseada, Dominica, Marigalante, Guadalupe, Monserrat, Santa María la Redonda, Santa María la Antigua, San Bartolomé, Santa Cruz, Islas Vírgenes.
El 08 de noviembre de 1493, Colón llegó a la isla de mayor extensión de las Antillas Menores, a la cual los nativos llamaban Borinquen; Colón la bautizó con el nombre de San Juan Bautista y actualmente se denomina Puerto Rico.
De San Juan Bautista se dirigió hacia La Española, con el propósito de inspeccionar el estado en que se encontraba el Fuerte de Navidad, la pequeña colonia que había instalado antes de partir a España.
Colón se encontró con que el Fuerte de Navidad había sido atacado y la guarnición dejada para su defensa con expectativas de colonización, había sido exterminada.
El 07 de diciembre de 1493, y según otros autores , el 27 de noviembre del mismo año, Colón llegó al territorio de la actual República Dominicana, donde fundó la primera ciudad del Nuevo Mundo a la que llamó La Isabela, en honor a la reina de Castilla.
Hasta ese momento, Colón sólo había descubierto islas y estaba decidido a continuar la búsqueda de tierra firme.
Para continuar con las exploraciones el navegante genovés, organizó en La Española, una Junta de Gobierno presidida por su hermano Diego, de la que también formó parte fray Bernardo Boil.
De nuevo zarpó Colón, explorando las costas de La Española, hoy Haití y de La Juana, ahora Cuba, para tomar rumbo al sudoeste, descubriendo Jamaica.
A su regreso a La Isabela, Colón encontró un franco descontento entre los colonizadores por lo que para controlar la insurrección nombró a su recién llegado hermano Bartolomé, adelantado.
Los primeros colonos, ansiosos de enriquecerse rápidamente, se habían dedicado a explotar a los nativos, motivo por el cual estalló una insurrección indígena que fue cruelmente reprimida por medio de las armas.
No faltaron españoles que descontentos con la situación en las tierras recién descubiertas, huyeron hacia España, dando a conocer los conflictos que se estaban suscitando en el Nuevo Mundo.
Los Reyes Católicos no aprobaron las medidas asumidas para controlar a los insurrectos indígenas y a los sublevados españoles.
Los españoles que habían retornado a España acusaron a Colón de una pésima administración y los monarcas españoles nombraron a Juan de Aguado, Visitador, cuya función sería la de investigar la inconformidad y desorden existentes en la colonia.
Poco después de la llegada del Visitador, Colón determinó regresar a España con el fin de defenderse de las acusaciones de que era objeto.
El 10 de marzo de 1496 partió Colón de La Isabela, rumbo a la metrópoli, desembarcando en Cádiz el 11 de junio del mismo año.
Y RECUERDA QUE…
La cultura de mayor relevancia en Mesoamérica durante los viajes de exploración y descubrimientos de Cristóbal Colón fue la mexica.
Ahuízotl, tlatoani de los mexica, gobernó entre 1487 y 1502 y Colón realizó sus primero, segundo y tercer viajes entre 1492 y 1500.
Moctezuma Xocoyotzin asumió el gobierno mexica en 1503 hasta 1520, año en que muere a manos de los conquistadores españoles, en tanto que Cristóbal Colón realizó su cuarto y último viaje, entre 1502 y 1504.
Una réplica de la Marigalante, la nave capitana durante el segundo viaje de Colón, estuvo anclada en el puerto de Veracruz en 1992, como parte de los eventos que conmemoraban los 500 años del descubrimiento de América.
REFLEXIONA Y CONTESTA BREVEMENTE:
Causas que originaron los viajes de Cristóbal Colón.
Intervención del papa Alejandro VI con relación a los viajes de exploración realizados y por realizar por España y Portugal-
Importante consecuencia de dichos viajes.
Territorios descubiertos por Colón en su segundo viaje.
Importante cultura mesoamericana existente cuando Colón realizó sus viajes de exploración y descubrimientos.
Tlatoanis contemporáneos a los viajes de Colón.
OBTÉN CONCLUSIONES. Siguiente>>>>>
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Los taínos
Aportación indígena a la cultura puertorriqueña
En la cultura puertorriqueña actual existen muchos objetos de la vida cotidiana que proceden de herencia indígena. Estos objetos fueron adoptados tanto por españoles como por los negros y han sobrevivido el paso del tiempo, a pesar de la desaparición del taíno como pueblo.
La sociedad taína comenzó a desintegrarse tan pronto llegaron los españoles al Nuevo Mundo. Las enfermedades, el trato cruel que sufrieron en las minas de oro, las bajas producidas en las confrontaciones con españoles y la emigración a islas vecinas contribuyeron con la disminución de la población. El mestizaje fue otro factor significativo que aportó a que la población taína mermara. Sin embargo, su herencia sobrevive en la sangre y en muchos elementos culturales.
Durante el primer siglo de conquista y colonización, el español utilizó y adoptó una serie de conocimientos, hábitos y técnicas propios del indígena antillano. Desde el primer viaje, Colón admiró las destrezas y conocimientos de navegación del indígena, tomando siete de ellos como guías. El propio Colón escribió en su Diario que los indígenas antillanos eran de muy sutil ingenio. Los nautas antillanos fueron decisivos en los primeros años de descubrimiento y exploración.
La primera palabra americana incorporada al castellano fue canoa, que era una embarcación indígena de remos, muy estrecha. La canoa se convirtió también en medio de transporte utilizado por los conquistadores. Este tipo de embarcación se continuó utilizando casi hasta la actualidad, con diversos propósitos, en los ríos y las lagunas.
El colonizador español también aprendió las técnicas de pesca del taíno. Algunas de éstas perduran hasta el presente como el sistema de corrales en la desembocadura de los ríos, el envenenamiento de ríos o lagunas con una planta llamada "baiguá", el zambullirse para sacar caracoles como el lambí (llamado también carrucho) o el burgao, el uso de redes o tarrayas y el uso de nasas colocadas como trampas en el mar.
Las técnicas agrícolas del taíno fueron utilizadas y adoptadas rápidamente por los colonos españoles y han pasado, a través de los años, hasta los campesinos de hoy día; el sistema de roza o el talar los árboles y malezas para luego quemarlos y así despejar el terreno, fue traído por los indígenas antillanos de Suramérica. El conuco era una porción de tierra ubicada cerca de las viviendas que el taíno utilizaba para el cultivo. Esta práctica perdura aún. Otra técnica utilizada hasta finales del siglo XVI fue la del cultivo por montones, es decir, la siembra sobre montículos de tierra propia para el cultivo. Este sistema fue tan común que los españoles lo establecieron como medida de superficie terrestre. De los instrumentos agrícolas taínos solo subsiste la coa, unos palos tostados que se utilizan por azadas con los cuales abrían la tierra para sembrar sus granos, plantas o tubérculos.
De los productos agrícolas, el casabe fue el de mayor aportación del taíno a la dieta del colonizador. El casabe se elabora de la harina de yuca, raíz comestible frecuente en diversas áreas de América, y fue una parte esencial de la alimentación de los primeros conquistadores. Por ser un producto no perecedero, era el alimento básico en los barcos que partían de las Antillas.
El europeo también consumió otros productos autóctonos que aún son parte integral de la dieta del puertorriqueño, como la batata, la yautía, el maní, el mapuey, el algodón, el lerén, el ají, el achiote y el maíz. Otra planta que se difundió ampliamente por Europa fue el tabaco. Debido a la gran demanda que hubo por esta hoja, fue uno de los principales productos agrícolas puertorriqueños hasta hace unas décadas.
Algunos de los objetos cotidianos de los taínos fueron incorporados por los españoles en su diario vivir, como la hamaca, red que colgada por los extremos sirve de cama. Los navegantes españoles reconocieron la utilidad de ésta y la comenzaron a utilizar en sus embarcaciones. Hoy día, la hamaca es un objeto muy popular en la cultura puertorriqueña. Los colonizadores también adoptaron los métodos de fabricación de cerámica, utensilios de madera y cestería. Por ejemplo, de los frutos del higüero, árbol de fruto grande y duro pueden crearse ditas y vasijas destinadas a usos variados. De las higüeras también se fabrican maracas, instrumento musical que consiste en un mango y un cuerpo esférico hueco con pequeñas piedras o semillas en su interior. Originalmente, los indígenas utilizaban las maracas en sus danzas rituales. En la actualidad, se considera un instrumento típico de la música popular del País.
La vivienda de los taínos conocidas como bohío, eran casas en forma circular o cuadrada, con hojas de palma para el techo y las paredes. Debido a que era práctica para el clima antillano, los españoles adoptaron también el diseño de esta vivienda. La técnica de construcción de los bohíos, con pequeñas alteraciones, fue la norma hasta principios del siglo XX.
Las manifestaciones artísticas del indígena antillano apenas han trascendido a la cultura puertorriqueña. De la importancia que tenía para el taíno el areito, ceremonia donde mezclaban el canto y el baile para celebrar un evento y trasmitir oralmente sus tradiciones, así como del uso de instrumentos musicales diversos, sólo persisten las descripciones que nos ofrecen los cronistas. Sin embargo, el llamado estilo taíno, representado en vasijas, duhos o asientos ceremoniales, en cemíes o deidades talladas, en collares o aros de piedra y en petroglifos, ha sido motivo de inspiración para una gran cantidad de artistas y artesanos. En la literatura puertorriqueña ha habido algunos personajes elaborados con el perfil taíno, tales como Loarina, Guarionex, Bayoán, Marién, Guanina, Agüeybana el Bravo, Anaiboa, los cuales, junto a la poesía indigenista del siglo XIX, han sido manifestación del tema nacional americano y antillano.
La influencia de lo indígena en la medicina popular y en las tradiciones puertorriqueñas se diluyó por el predominio de lo español y africano antes de cerrarse el siglo XVI. En cuanto a la genética, las características raciales indígenas casi han desaparecido por completo, confundiéndose comúnmente con rasgos de apariencia física que evocan al indígena.
En el idioma español encontramos el máximo legado indígena. El castellano se enriqueció con el aporte de voces antillanas de origen arahuaco y caribe. En el español se han transplantado una gran cantidad de palabras indígenas referentes a la toponimia y antroponimia, la fauna y la flora, la vida material y espiritual, la convivencia social. A nivel de las Antillas hispánicas, el léxico indígena sobrevive con más de quinientas voces. En Puerto Rico, en particular, habría que sumar cerca de doscientos nombres de ríos, montañas, sierras, bahías, pueblos y caciques.
Adaptado por Grupo Editorial EPR
Fuente original: Sebastián Robiou, Aportación indígena a la cultura puertorriqueña, 1992. Premio concurso de artículos V Centenario.
Autor: Grupo Editorial EPRL
12 de septiembre de 2014.
martes, 6 de octubre de 2015
Un señor muy viejo con unas alas enormes Gabriel García Márquez
Al tercer día de lluvia habían matado tantos cangrejos dentro de la casa, que Pelayo tuvo que atravesar su patio anegado para tirarlos al mar, pues el niño recién nacido había pasado la noche con calenturas y se pensaba que era causa de la pestilencia. El mundo estaba triste desde el martes. El cielo y el mar eran una misma cosa de ceniza, y las arenas de la playa, que en marzo fulguraban como polvo de lumbre, se habían convertido en un caldo de lodo y mariscos podridos. La luz era tan mansa al mediodía, que cuando Pelayo regresaba a la casa después de haber tirado los cangrejos, le costó trabajo ver qué era lo que se movía y se quejaba en el fondo del patio. Tuvo que acercarse mucho para descubrir que era un hombre viejo, que estaba tumbado boca abajo en el lodazal, y a pesar de sus grandes esfuerzos no podía levantarse, porque se lo impedían sus enormes alas.
Asustado por aquella pesadilla, Pelayo corrió en busca de Elisenda, su mujer, que estaba poniéndole compresas al niño enfermo, y la llevó hasta el fondo del patio. Ambos observaron el cuerpo caído con un callado estupor. Estaba vestido como un trapero. Le quedaban apenas unas hilachas descoloridas en el cráneo pelado y muy pocos dientes en la boca, y su lastimosa condición de bisabuelo ensopado lo había desprovisto de toda grandeza. Sus alas de gallinazo grande, sucias y medio desplumadas, estaban encalladas para siempre en el lodazal. Tanto lo observaron, y con tanta atención, que Pelayo y Elisenda se sobrepusieron muy pronto del asombro y acabaron por encontrarlo familiar. Entonces se atrevieron a hablarle, y él les contestó en un dialecto incomprensible pero con una buena voz de navegante. Fue así como pasaron por alto el inconveniente de las alas, y concluyeron con muy buen juicio que era un náufrago solitario de alguna nave extranjera abatida por el temporal. Sin embargo, llamaron para que lo viera a una vecina que sabía todas las cosas de la vida y la muerte, y a ella le bastó con una mirada para sacarlos del error.
— Es un ángel –les dijo—. Seguro que venía por el niño, pero el pobre está tan viejo que lo ha tumbado la lluvia.
Al día siguiente todo el mundo sabía que en casa de Pelayo tenían cautivo un ángel de carne y hueso. Contra el criterio de la vecina sabia, para quien los ángeles de estos tiempos eran sobrevivientes fugitivos de una conspiración celestial, no habían tenido corazón para matarlo a palos. Pelayo estuvo vigilándolo toda la tarde desde la cocina, armado con un garrote de alguacil, y antes de acostarse lo sacó a rastras del lodazal y lo encerró con las gallinas en el gallinero alumbrado. A media noche, cuando terminó la lluvia, Pelayo y Elisenda seguían matando cangrejos. Poco después el niño despertó sin fiebre y con deseos de comer. Entonces se sintieron magnánimos y decidieron poner al ángel en una balsa con agua dulce y provisiones para tres días, y abandonarlo a su suerte en altamar. Pero cuando salieron al patio con las primeras luces, encontraron a todo el vecindario frente al gallinero, retozando con el ángel sin la menor devoción y echándole cosas de comer por los huecos de las alambradas, como si no fuera una criatura sobrenatural sino un animal de circo.
El padre Gonzaga llegó antes de las siete alarmado por la desproporción de la noticia. A esa hora ya habían acudido curiosos menos frívolos que los del amanecer, y habían hecho toda clase de conjeturas sobre el porvenir del cautivo. Los más simples pensaban que sería nombrado alcalde del mundo. Otros, de espíritu más áspero, suponían que sería ascendido a general de cinco estrellas para que ganara todas las guerras. Algunos visionarios esperaban que fuera conservado como semental para implantar en la tierra una estirpe de hombres alados y sabios que se hicieran cargo del Universo. Pero el padre Gonzaga, antes de ser cura, había sido leñador macizo. Asomado a las alambradas repasó un instante su catecismo, y todavía pidió que le abrieran la puerta para examinar de cerca de aquel varón de lástima que más parecía una enorme gallina decrépita entre las gallinas absortas. Estaba echado en un rincón, secándose al sol las alas extendidas, entre las cáscaras de fruta y las sobras de desayunos que le habían tirado los madrugadores. Ajeno a las impertinencias del mundo, apenas si levantó sus ojos de anticuario y murmuró algo en su dialecto cuando el padre Gonzaga entró en el gallinero y le dio los buenos días en latín. El párroco tuvo la primera sospecha de impostura al comprobar que no entendía la lengua de Dios ni sabía saludar a sus ministros. Luego observó que visto de cerca resultaba demasiado humano: tenía un insoportable olor de intemperie, el revés de las alas sembrado de algas parasitarias y las plumas mayores maltratadas por vientos terrestres, y nada de su naturaleza miserable estaba de acuerdo con la egregia dignidad de los ángeles. Entonces abandonó el gallinero, y con un breve sermón previno a los curiosos contra los riesgos de la ingenuidad. Les recordó que el demonio tenía la mala costumbre de recurrir a artificios de carnaval para confundir a los incautos. Argumentó que si las alas no eran el elemento esencial para determinar las diferencias entre un gavilán y un aeroplano, mucho menos podían serlo para reconocer a los ángeles. Sin embargo, prometió escribir una carta a su obispo, para que éste escribiera otra al Sumo Pontífice, de modo que el veredicto final viniera de los tribunales más altos.
Su prudencia cayó en corazones estériles. La noticia del ángel cautivo se divulgó con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas había en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. Elisenda, con el espinazo torcido de tanto barrer basura de feria, tuvo entonces la buena idea de tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver al ángel.
Vinieron curiosos hasta de la Martinica. Vino una feria ambulante con un acróbata volador, que pasó zumbando varias veces por encima de la muchedumbre, pero nadie le hizo caso porque sus alas no eran de ángel sino de murciélago sideral. Vinieron en busca de salud los enfermos más desdichados del Caribe: una pobre mujer que desde niña estaba contando los latidos de su corazón y ya no le alcanzaban los números, un jamaicano que no podía dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, un sonámbulo que se levantaba de noche a deshacer dormido las cosas que había hecho despierto, y muchos otros de menor gravedad. En medio de aquel desorden de naufragio que hacía temblar la tierra, Pelayo y Elisenda estaban felices de cansancio, porque en menos de una semana atiborraron de plata los dormitorios, y todavía la fila de peregrinos que esperaban su turno para entrar llegaba hasta el otro lado del horizonte.
El ángel era el único que no participaba de su propio acontecimiento. El tiempo se le iba buscando acomodo en su nido prestado, aturdido por el calor de infierno de las lámparas de aceite y las velas de sacrificio que le arrimaban a las alambradas. Al principio trataron de que comiera cristales de alcanfor, que, de acuerdo con la sabiduría de la vecina sabia, era el alimento específico de los ángeles. Pero él los despreciaba, como despreció sin probarlos los almuerzos papales que le llevaban los penitentes, y nunca se supo si fue por ángel o por viejo que terminó comiendo nada más que papillas de berenjena. Su única virtud sobrenatural parecía ser la paciencia. Sobre todo en los primeros tiempos, cuando le picoteaban las gallinas en busca de los parásitos estelares que proliferaban en sus alas, y los baldados le arrancaban plumas para tocarse con ellas sus defectos, y hasta los más piadosos le tiraban piedras tratando de que se levantara para verlo de cuerpo entero. La única vez que consiguieron alterarlo fue cuando le abrasaron el costado con un hierro de marcar novillos, porque llevaba tantas horas de estar inmóvil que lo creyeron muerto. Despertó sobresaltado, despotricando en lengua hermética y con los ojos en lágrimas, y dio un par de aletazos que provocaron un remolino de estiércol de gallinero y polvo lunar, y un ventarrón de pánico que no parecía de este mundo. Aunque muchos creyeron que su reacción no había sido de rabia sino de dolor, desde entonces se cuidaron de no molestarlo, porque la mayoría entendió que su pasividad no era la de un héroe en uso de buen retiro sino la de un cataclismo en reposo.
El padre Gonzaga se enfrentó a la frivolidad de la muchedumbre con fórmulas de inspiración doméstica, mientras le llegaba un juicio terminante sobre la naturaleza del cautivo. Pero el correo de Roma había perdido la noción de la urgencia. El tiempo se les iba en averiguar si el convicto tenía ombligo, si su dialecto tenía algo que ver con el arameo, si podía caber muchas veces en la punta de un alfiler, o si no sería simplemente un noruego con alas. Aquellas cartas de parsimonia habrían ido y venido hasta el fin de los siglos, si un acontecimiento providencial no hubiera puesto término a las tribulaciones del párroco.
Sucedió que por esos días, entre muchas otras atracciones de las ferias errantes del Caribe, llevaron al pueblo el espectáculo triste de la mujer que se había convertido en araña por desobedecer a sus padres. La entrada para verla no sólo costaba menos que la entrada para ver al ángel, sino que permitían hacerle toda clase de preguntas sobre su absurda condición, y examinarla al derecho y al revés, de modo que nadie pusiera en duda la verdad del horror. Era una tarántula espantosa del tamaño de un carnero y con la cabeza de una doncella triste. Pero lo más desgarrador no era su figura de disparate, sino la sincera aflicción con que contaba los pormenores de su desgracia: siendo casi una niña se había escapado de la casa de sus padres para ir a un baile, y cuando regresaba por el bosque después de haber bailado toda la noche sin permiso, un trueno pavoroso abrió el cielo en dos mitades, y por aquella grieta salió el relámpago de azufre que la convirtió en araña. Su único alimento eran las bolitas de carne molida que las almas caritativas quisieran echarle en la boca. Semejante espectáculo, cargado de tanta verdad humana y de tan temible escarmiento, tenía que derrotar sin proponérselo al de un ángel despectivo que apenas si se dignaba mirar a los mortales. Además los escasos milagros que se le atribuían al ángel revelaban un cierto desorden mental, como el del ciego que no recobró la visión pero le salieron tres dientes nuevos, y el del paralítico que no pudo andar pero estuvo a punto de ganarse la lotería, y el del leproso a quien le nacieron girasoles en las heridas. Aquellos milagros de consolación que más bien parecían entretenimientos de burla, habían quebrantado ya la reputación del ángel cuando la mujer convertida en araña terminó de aniquilarla. Fue así como el padre Gonzaga se curó para siempre del insomnio, y el patio de Pelayo volvió a quedar tan solitario como en los tiempos en que llovió tres días y los cangrejos caminaban por los dormitorios.
Los dueños de la casa no tuvieron nada que lamentar. Con el dinero recaudado construyeron una mansión de dos plantas, con balcones y jardines, y con sardineles muy altos para que no se metieran los cangrejos del invierno, y con barras de hierro en las ventanas para que no se metieran los ángeles. Pelayo estableció además un criadero de conejos muy cerca del pueblo y renunció para siempre a su mal empleo de alguacil, y Elisenda se compró unas zapatillas satinadas de tacones altos y muchos vestidos de seda tornasol, de los que usaban las señoras más codiciadas en los domingos de aquellos tiempos. El gallinero fue lo único que no mereció atención. Si alguna vez lo lavaron con creolina y quemaron las lágrimas de mirra en su interior, no fue por hacerle honor al ángel, sino por conjurar la pestilencia de muladar que ya andaba como un fantasma por todas partes y estaba volviendo vieja la casa nueva. Al principio, cuando el niño aprendió a caminar, se cuidaron de que no estuviera cerca del gallinero. Pero luego se fueron olvidando del temor y acostumbrándose a la peste, y antes de que el niño mudara los dientes se había metido a jugar dentro del gallinero, cuyas alambradas podridas se caían a pedazos. El ángel no fue menos displicente con él que con el resto de los mortales, pero soportaba las infamias más ingeniosas con una mansedumbre de perro sin ilusiones. Ambos contrajeron la varicela al mismo tiempo. El médico que atendió al niño no resistió la tentación de auscultar al ángel, y encontró tantos soplos en el corazón y tantos ruidos en los riñones, que no le pareció posible que estuviera vivo. Lo que más le asombró, sin embargo, fue la lógica de sus alas. Resultaban tan naturales en aquel organismo completamente humano, que no podía entender por qué no las tenían también los otros hombres.
Cuando el niño fue a la escuela, hacía mucho tiempo que el sol y la lluvia habían desbaratado el gallinero. El ángel andaba arrastrándose por acá y por allá como un moribundo sin dueño. Lo sacaban a escobazos de un dormitorio y un momento después lo encontraban en la cocina. Parecía estar en tantos lugares al mismo tiempo, que llegaron a pensar que se desdoblaba, que se repetía a sí mismo por toda la casa, y la exasperada Elisenda gritaba fuera de quicio que era una desgracia vivir en aquel infierno lleno de ángeles. Apenas si podía comer, sus ojos de anticuario se le habían vuelto tan turbios que andaba tropezando con los horcones, y ya no le quedaban sino las cánulas peladas de las últimas plumas. Pelayo le echó encima una manta y le hizo la caridad de dejarlo dormir en el cobertizo, y sólo entonces advirtieron que pasaba la noche con calenturas delirantes en trabalenguas de noruego viejo. Fue esa una de las pocas veces en que se alarmaron, porque pensaban que se iba a morir, y ni siquiera la vecina sabia había podido decirles qué se hacía con los ángeles muertos.
Sin embargo, no sólo sobrevivió a su peor invierno, sino que pareció mejor con los primeros soles. Se quedó inmóvil muchos días en el rincón más apartado del patio, donde nadie lo viera, y a principios de diciembre empezaron a nacerle en las alas unas plumas grandes y duras, plumas de pajarraco viejo, que más bien parecían un nuevo percance de la decrepitud. Pero él debía conocer la razón de estos cambios, porque se cuidaba muy bien de que nadie los notara, y de que nadie oyera las canciones de navegantes que a veces cantaba bajo las estrellas. Una mañana, Elisenda estaba cortando rebanadas de cebolla para el almuerzo, cuando un viento que parecía de alta mar se metió en la cocina. Entonces se asomó por la ventana, y sorprendió al ángel en las primeras tentativas del vuelo. Eran tan torpes, que abrió con las uñas un surco de arado en las hortalizas y estuvo a punto de desbaratar el cobertizo con aquellos aletazos indignos que resbalaban en la luz y no encontraban asidero en el aire. Pero logró ganar altura. Elisenda exhaló un suspiro de descanso, por ella y por él, cuando lo vio pasar por encima de las últimas casas, sustentándose de cualquier modo con un azaroso aleteo de buitre senil. Siguió viéndolo hasta cuando acabó de cortar la cebolla, y siguió viéndolo hasta cuando ya no era posible que lo pudiera ver, porque entonces ya no era un estorbo en su vida, sino un punto imaginario en el horizonte del mar.
lunes, 28 de septiembre de 2015
Maestro Eulogio
MAESTRO EULOGIO
La palabra MAESTRO es mucho más que un certificado otorgado para la enseñanza. Ese fue el título dado a los grandes literatos y sabios de la antigüedad, aunque nunca hubieran dado clases. A Cristo se le conoce como el Gran Maestro. En la historia, se le llama MAESTRO a todos los que han dejado una lección en alguna de las ramas del conocimiento.
Eulogio Cardona Beltrán se ganó ese título en más de una rama del saber. Fue maestro en los deportes, en las comunicaciones, en el quehacer cultural, en ciencias políticas, en labor social. Y en medio de esas actividades, ostentaba el título de maestro del sistema de educación pública, con los estudios y acreditaciones requeridos. Así enseñaba en un salón de clases y seguía enseñando fuera de la escuela. Quienes lo conocimos y compartimos con Eulogio Cardona en cualquiera de sus múltiples facetas, sabemos que daba una lección de humanismo en todas ellas. Más aún, integraba la educación a las otras actividades. Cuando se involucraba en deportes, daba cátedra de ética y profesionalismo, más allá de la técnica. Viajó al extranjero, no como un turista más, sino como maestro siempre en busca de nuevos conocimientos. Se interesaba en la cultura y sociedad de cada país, para luego enseñar a otros lo positivo de cada país que podía traerse al ámbito local en el deporte, la cultura, la educación y demás renglones de la sociedad.
En su labor en la radio su elocuencia y su dominio del lenguaje eran lecciones sin hacer un plan didáctico. Su prédica sobre la justicia social no se quedaba en las palabras. Se involucraba personalmente y hacía acto de presencia en los reclamos de las comunidades y en situaciones individuales. Usaba el micrófono para fustigar al político dictador y al funcionario negligente. Cuando una persona humilde o un niño indefenso era víctima de una injusticia, la voz de Eulogio Cardona retumbaba haciendo temblar a los poderosos. Mencionaba por nombre y apellido a los políticos y aristócratas que angustiaban al pueblo. Nadie se atrevía a contestarle, pues siempre estaba armado de la verdad con evidencia. Y por el contrario, la respuesta muchas veces era una solución a los problemas que planteaba.
En la enseñanza formal, en el salón de clases, Eulogio Cardona lograba impactar a sus estudiantes en la edad más difícil, la adolescencia. Era exigente al punto de causar resentimiento en algunos. Su insistencia en la lectura y en la corrección ortográfica y gramatical parecía en determinado momento un entrenamiento militar. Pero pasado el curso, los estudiantes admitían que esa disciplina y rigor de Eulogio habían hecho la diferencia en ellos. No pocos de sus alumnos dicen, años después, que las lecciones de ese MAESTRO los encaminaron hacia el éxito en la vida. Hasta recuerdan palabra por palabra algunas lecciones. Como cuando le preguntaban sobre el lenguaje obsceno: “Palabras obscenas son: hambre, pobreza, esclavitud, guerra, injusticia.”
El Maestro Eulogio se fue repentinamente la noche del miércoles 23 de septiembre. La estación de radio de la que fue propietario, Radio Progreso, recogió el duelo del pueblo, de sus estudiantes y compañeros que resumieron sus vivencias con el inolvidable maestro. Cuya huella en la educación es tan grande que se mantendrá tras su partida.
lunes, 24 de agosto de 2015
Consecuencias del Grito de Lares
| Grito de Lares 1868 |
Se conoce popularmente como el Grito de Lares a la revolución puertorriqueña por su independencia de España, llevada a cabo el 23 de septiembre de 1868. En el siglo XIX, en América Latina se utilizó la expresión de “Grito? como sinónimo de declaración de independencia. Por ejemplo, el Grito de Dolores (México, 1810), el Grito de Ipiranga (Brasil, 1822), y el Grito de Yara (Cuba, 1868).
La insurrección armada se inició en Lares, un pueblo localizado en el centro-oeste de Puerto Rico que, a su vez, formaba parte de una de las regiones de la economía agrícola comercial de aquella época. Para el tiempo del Grito, su paisaje montañoso y de frondoso verdor con su clima tropical y de abundante lluvia, estaba muy activo con unas 500 haciendas productoras de café. En todo Puerto Rico, junto a la producción de otras mercancías comerciales como la caña de azúcar y el tabaco, las necesidades alimenticias básicas se obtenían de la agricultura de subsistencia, la crianza de ganado y la pesca. El jefe militar del Grito de Lares, don Manuel Rojas, precisamente era uno de los principales hacendados cafetaleros.
Tarde en la noche del 23 de septiembre, ante el ejército rebelde de alrededor de mil hombres congregados en su hacienda, el general Rojas dio el grito de libertad de Puerto Rico. “En la casa de Rojas?, señaló el gobernador español José Laureano Sanz (Informe del 4 de julio de 1869), “recibió la rebelión su bautismo?.
En su discurso revolucionario, como ha documentado la historiadora Olga Jiménez, el general Rojas “se dirigió a las tropas que estaban afuera y les habló de la necesidad de derrocar el gobierno en el poder para terminar con sus prácticas de tiranía. Hizo mención de las contribuciones exorbitantes, de la corrupción de los funcionarios y del deber de ponerle fin a tal régimen de tiranía?. Tras agotar las alternativas pacíficas y las legales permitidas por España, y para conquistar la soberanía nacional propia, los revolucionarios puertorriqueños tomaron la determinación de organizarse para llevar a cabo la revolución armada y así terminar con la dominación colonial.
La insurrección armada se inició en Lares, un pueblo localizado en el centro-oeste de Puerto Rico que, a su vez, formaba parte de una de las regiones de la economía agrícola comercial de aquella época. Para el tiempo del Grito, su paisaje montañoso y de frondoso verdor con su clima tropical y de abundante lluvia, estaba muy activo con unas 500 haciendas productoras de café. En todo Puerto Rico, junto a la producción de otras mercancías comerciales como la caña de azúcar y el tabaco, las necesidades alimenticias básicas se obtenían de la agricultura de subsistencia, la crianza de ganado y la pesca. El jefe militar del Grito de Lares, don Manuel Rojas, precisamente era uno de los principales hacendados cafetaleros.
Tarde en la noche del 23 de septiembre, ante el ejército rebelde de alrededor de mil hombres congregados en su hacienda, el general Rojas dio el grito de libertad de Puerto Rico. “En la casa de Rojas?, señaló el gobernador español José Laureano Sanz (Informe del 4 de julio de 1869), “recibió la rebelión su bautismo?.
En su discurso revolucionario, como ha documentado la historiadora Olga Jiménez, el general Rojas “se dirigió a las tropas que estaban afuera y les habló de la necesidad de derrocar el gobierno en el poder para terminar con sus prácticas de tiranía. Hizo mención de las contribuciones exorbitantes, de la corrupción de los funcionarios y del deber de ponerle fin a tal régimen de tiranía?. Tras agotar las alternativas pacíficas y las legales permitidas por España, y para conquistar la soberanía nacional propia, los revolucionarios puertorriqueños tomaron la determinación de organizarse para llevar a cabo la revolución armada y así terminar con la dominación colonial.
-Breves antecedentes históricos
A partir del 1492, Puerto Rico y los demás países antillanos vinieron a constituir el corazón geográfico y el punto de partida histórico de la formación de la América Latina y del Caribe colonial. En el transcurso de los siglos XVI al XVIII se fue formando y diferenciando una sociedad colonial criolla. La composición social colonial se fue configurando mediante la interacción de los indios taínos, los colonizadores españoles y los esclavos de áfrica, articulados en sucesivas estructuras socioeconómicas y con sus aportaciones culturales diversas.
Semejante a lo ocurrido en todas las colonias americanas, Puerto Rico también tuvo sus movimientos precursores emancipadores. Por ejemplo, la rebelión de los vecinos de San Germán, Ponce y Coamo de 1702-1711, que desacataron al Gobierno y afirmaron la autoridad de los cabildos. A comienzos del siglo XIX, en la coyuntura histórica de la invasión y ocupación de España por parte de la Francia del emperador Napoleón Bonaparte, en Puerto Rico se organizó un movimiento revolucionario con sede en la Villa de San Germán, encabezado por la élite criolla, para lograr la independencia. La llegada de tropas de España y la represión del liderato frustraron ese intento. También hubo otras tentativas revolucionarias en 1823 y en 1838.
A lo largo del siglo XIX, los puertorriqueños se agruparon en varias tendencias políticas: la conservadora, sostenedora de la dominación española; la reformista, que promovía el gobierno con mayor participación criolla y cambios económicos favorables a la Isla; y la independentista, que luchaba por la soberanía plena puertorriqueña. En 1866-67, comisionados liberales reformistas e independentistas (José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones y Segundo Ruiz Belvis) denunciaron el despotismo colonial y formularon peticiones de consenso económicas (libertad de comercio, fomento agrícola industrial), sociales (abolición de la esclavitud y del sistema de la libreta de jornaleros), y políticas (descentralización administrativa y mayor gobierno propio) ante una Junta Informativa de Madrid. La Metrópoli imperial ignoró las demandas, incumplió una vieja promesa de “Leyes Especiales? de carácter autonómico (1837), impuso más impuestos a la colonia y el Gobernador español, usando de pretexto un motín de soldados en junio de 1867, ordenó el arresto de prominentes liberales.
Semejante a lo ocurrido en todas las colonias americanas, Puerto Rico también tuvo sus movimientos precursores emancipadores. Por ejemplo, la rebelión de los vecinos de San Germán, Ponce y Coamo de 1702-1711, que desacataron al Gobierno y afirmaron la autoridad de los cabildos. A comienzos del siglo XIX, en la coyuntura histórica de la invasión y ocupación de España por parte de la Francia del emperador Napoleón Bonaparte, en Puerto Rico se organizó un movimiento revolucionario con sede en la Villa de San Germán, encabezado por la élite criolla, para lograr la independencia. La llegada de tropas de España y la represión del liderato frustraron ese intento. También hubo otras tentativas revolucionarias en 1823 y en 1838.
A lo largo del siglo XIX, los puertorriqueños se agruparon en varias tendencias políticas: la conservadora, sostenedora de la dominación española; la reformista, que promovía el gobierno con mayor participación criolla y cambios económicos favorables a la Isla; y la independentista, que luchaba por la soberanía plena puertorriqueña. En 1866-67, comisionados liberales reformistas e independentistas (José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones y Segundo Ruiz Belvis) denunciaron el despotismo colonial y formularon peticiones de consenso económicas (libertad de comercio, fomento agrícola industrial), sociales (abolición de la esclavitud y del sistema de la libreta de jornaleros), y políticas (descentralización administrativa y mayor gobierno propio) ante una Junta Informativa de Madrid. La Metrópoli imperial ignoró las demandas, incumplió una vieja promesa de “Leyes Especiales? de carácter autonómico (1837), impuso más impuestos a la colonia y el Gobernador español, usando de pretexto un motín de soldados en junio de 1867, ordenó el arresto de prominentes liberales.
-La revolución
Para entonces, Puerto Rico era una nación con cuatro siglos de formación y desarrollo histórico y cultural. Contaba con una población de 656,328 habitantes (Censo de 1867) distribuidos en 68 pueblos por todo el país. En el verano de 1867, en una reunión de alto nivel del liberalismo puertorriqueño el sector reformista acaudillado por José Julián Acosta, Julián Blanco, Calixto Romero y otros optaron por “esperar? a un cambio político “favorable? en España. El sector independentista se decidió por el camino de organizar la revolución. Entre ellos figuraban el Dr. Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis, Carlos Elías Lacroix y otros. Algunos ya habían sufrido persecusión política y destierros por sus actividades abolicionistas e ideas políticas.
Betances y Ruiz Belvis habían escapado a Nueva York donde operaba desde 1865 una Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, que promovía la independencia de estas últimas colonias españolas en América. Uno de los integrantes de esa sociedad, lo era el exiliado puertorriqueño, Dr. José Francisco Basora. A la acusación del Gobernador español de que “conspiraban? contra España, ellos se constituyeron en Comité Revolucionario y respondieron con un Manifiesto a los Habitantes de Puerto Rico (16 julio 1867), de seis páginas, afirmando otro significado libertador de “conspiración?: “Debemos conspirar sin tregua porque es necesario que un día acabe el régimen colonial en nuestra Isla; porque Puerto Rico finalmente tiene que ser libre?. Denunciaron la tiranía colonial (la inexistencia de un Gobierno puertorriqueño, contribuciones que el pueblo no vota, despilfarro militar, corrupción generalizada de los funcionarios, carencias educativas de todo tipo, etc.), exhortaron a los paisanos reformistas a desengañarse con los intereses de la Metrópoli, subrayaron la importancia de “mirar nuestros intereses? y afirmaron la unidad y solidaridad revolucionaria antillana.
Segundo Ruiz Belvis falleció a destiempo (noviembre 1867) en un viaje de solidaridad latinoamericana que comenzaría en Chile. Betances honró su memoria llamándolo el primer mártir de la revolución. Desde la isla vecina de Saint Thomas hizo llegar a Puerto Rico su famosa proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres: (1) Abolición de la esclavitud, (2) derecho de votar todos los impuestos, (3) libertad de cultos, (4) libertad de palabra, (5) libertad de imprenta, (6) libertad de comercio, (7) derecho de reunión, (8) derecho de poseer armas, (9) inviolabilidad del ciudadano, (10) derecho de elegir nuestras autoridades.
En enero de 1868, un núcleo de patriotas ubicados en Santo Domingo reconstituyeron el Comité Revolucionario, es decir, el alto mando que operaba desde el exilio forzado integrado por Betances, Mariano Ruiz Quiñones, Lacroix, R. Mella, José Celis Aguilera, Basora (en Nueva York); y a ellos se unió el arzobispo de Santo Domingo, don Fernando Arturo Meriño, de orientación liberal y quien había vivido en Puerto Rico. Bajo el lema Patria-Justicia-Libertad, redactaron una Constitución Provisoria de la revolución puertorriqueña, destacando en su Artículo 2 el objetivo de establecer “la independencia de Puerto Rico, bajo la forma republicana democrática?. Durante los meses subsiguientes del año 1868, Betances encabezando el Comité desde afuera (obligado luego a operar desde Curazao y St. Thomas) se encargaría de reunir armas y pertrechos militares necesarios y preparar una expedición libertadora. Reubicados en Puerto Rico, Lacroix en Ponce, Celis en San Juan y Juan Chavarri en Mayagüez, ciudades principales, serían los enlaces con la organización del movimiento por toda la Isla.
El proceso organizativo fue una tarea difícil y compleja, puesto que en el contexto del despotismo militar colonial vigente, todo tenía que hacerse en el clandestinaje. Poco a poco se fueron fundando Juntas revolucionarias en los pueblos y unidades de barrios que se modelaron a base de las sociedades revolucionarias europeas y según principios de los ritos de la masonería, a la cual pertenecían muchos, utilizando seudónimos y claves secretas. Puerto Rico era fundamentalmente rural y la transportación interior se hacía a caballo o en coche, con demoras de días de un lugar a otro; el medio de comunicación más avanzado, el telégrafo, estaba controlado por el Gobierno. Las proclamas se imprimían en islas vecinas, o en imprentas secretas, y circulaban a escondidas. El Gobierno mantenía una vigilancia constante.
Para septiembre había una porción de Juntas en varios pueblos. Los revolucionarios de Lares, Camuy, San Sebastián, y de la altura de Mayagüez, mejor constituidos y ansiosos por la acción, decidieron iniciar la revolución el 29 de septiembre. Por indiscreciones y delación, el 21 de septiembre la Junta del pueblo de Camuy, donde se proyectaba dar el Grito, fue descubierta y su dirigente Manuel María González fue arrestado con documentos comprometedores. Para no dar tiempo a una movilización militar del Gobierno, el liderato de estos pueblos decidió la acción armada para el día 23. La documentación conocida sugiere que todo esto ocurrió fuera de sintonía con el Comité en el exterior y los enlaces principales.
En esas circunstancias, no obstante, se formó un núcleo de ejército rebelde de alrededor de 1,000 hombres. Medianamente armados con rifles y revólveres algunos, y con machetes la mayoría, tras proclamar la independencia y encabezados por los generales Manuel Rojas y Juan de Mata Terreforte, tarde en la noche del 23 de septiembre tomaron por asalto el pueblo de Lares. Los comerciantes españoles Amell, Ferret y otros que representaban el capital extranjero dominante y las autoridades locales fueron apresados.
Betances y Ruiz Belvis habían escapado a Nueva York donde operaba desde 1865 una Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, que promovía la independencia de estas últimas colonias españolas en América. Uno de los integrantes de esa sociedad, lo era el exiliado puertorriqueño, Dr. José Francisco Basora. A la acusación del Gobernador español de que “conspiraban? contra España, ellos se constituyeron en Comité Revolucionario y respondieron con un Manifiesto a los Habitantes de Puerto Rico (16 julio 1867), de seis páginas, afirmando otro significado libertador de “conspiración?: “Debemos conspirar sin tregua porque es necesario que un día acabe el régimen colonial en nuestra Isla; porque Puerto Rico finalmente tiene que ser libre?. Denunciaron la tiranía colonial (la inexistencia de un Gobierno puertorriqueño, contribuciones que el pueblo no vota, despilfarro militar, corrupción generalizada de los funcionarios, carencias educativas de todo tipo, etc.), exhortaron a los paisanos reformistas a desengañarse con los intereses de la Metrópoli, subrayaron la importancia de “mirar nuestros intereses? y afirmaron la unidad y solidaridad revolucionaria antillana.
Segundo Ruiz Belvis falleció a destiempo (noviembre 1867) en un viaje de solidaridad latinoamericana que comenzaría en Chile. Betances honró su memoria llamándolo el primer mártir de la revolución. Desde la isla vecina de Saint Thomas hizo llegar a Puerto Rico su famosa proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres: (1) Abolición de la esclavitud, (2) derecho de votar todos los impuestos, (3) libertad de cultos, (4) libertad de palabra, (5) libertad de imprenta, (6) libertad de comercio, (7) derecho de reunión, (8) derecho de poseer armas, (9) inviolabilidad del ciudadano, (10) derecho de elegir nuestras autoridades.
En enero de 1868, un núcleo de patriotas ubicados en Santo Domingo reconstituyeron el Comité Revolucionario, es decir, el alto mando que operaba desde el exilio forzado integrado por Betances, Mariano Ruiz Quiñones, Lacroix, R. Mella, José Celis Aguilera, Basora (en Nueva York); y a ellos se unió el arzobispo de Santo Domingo, don Fernando Arturo Meriño, de orientación liberal y quien había vivido en Puerto Rico. Bajo el lema Patria-Justicia-Libertad, redactaron una Constitución Provisoria de la revolución puertorriqueña, destacando en su Artículo 2 el objetivo de establecer “la independencia de Puerto Rico, bajo la forma republicana democrática?. Durante los meses subsiguientes del año 1868, Betances encabezando el Comité desde afuera (obligado luego a operar desde Curazao y St. Thomas) se encargaría de reunir armas y pertrechos militares necesarios y preparar una expedición libertadora. Reubicados en Puerto Rico, Lacroix en Ponce, Celis en San Juan y Juan Chavarri en Mayagüez, ciudades principales, serían los enlaces con la organización del movimiento por toda la Isla.
El proceso organizativo fue una tarea difícil y compleja, puesto que en el contexto del despotismo militar colonial vigente, todo tenía que hacerse en el clandestinaje. Poco a poco se fueron fundando Juntas revolucionarias en los pueblos y unidades de barrios que se modelaron a base de las sociedades revolucionarias europeas y según principios de los ritos de la masonería, a la cual pertenecían muchos, utilizando seudónimos y claves secretas. Puerto Rico era fundamentalmente rural y la transportación interior se hacía a caballo o en coche, con demoras de días de un lugar a otro; el medio de comunicación más avanzado, el telégrafo, estaba controlado por el Gobierno. Las proclamas se imprimían en islas vecinas, o en imprentas secretas, y circulaban a escondidas. El Gobierno mantenía una vigilancia constante.
Para septiembre había una porción de Juntas en varios pueblos. Los revolucionarios de Lares, Camuy, San Sebastián, y de la altura de Mayagüez, mejor constituidos y ansiosos por la acción, decidieron iniciar la revolución el 29 de septiembre. Por indiscreciones y delación, el 21 de septiembre la Junta del pueblo de Camuy, donde se proyectaba dar el Grito, fue descubierta y su dirigente Manuel María González fue arrestado con documentos comprometedores. Para no dar tiempo a una movilización militar del Gobierno, el liderato de estos pueblos decidió la acción armada para el día 23. La documentación conocida sugiere que todo esto ocurrió fuera de sintonía con el Comité en el exterior y los enlaces principales.
En esas circunstancias, no obstante, se formó un núcleo de ejército rebelde de alrededor de 1,000 hombres. Medianamente armados con rifles y revólveres algunos, y con machetes la mayoría, tras proclamar la independencia y encabezados por los generales Manuel Rojas y Juan de Mata Terreforte, tarde en la noche del 23 de septiembre tomaron por asalto el pueblo de Lares. Los comerciantes españoles Amell, Ferret y otros que representaban el capital extranjero dominante y las autoridades locales fueron apresados.
-Los hechos y las consecuencias
En Lares se dio el grito de la libertad de todo Puerto Rico. Se instituyó un Gobierno Provisional de la República de Puerto Rico bajo la presidencia de don Francisco Ramírez Medina. El Presidente Ramírez proclamó la abolición de la libreta servil jornalera y la libertad a todos los esclavos que se sumaran a la lucha o fueran impedidos; e instó a sus paisanos a cumplir con el deber de libertar a Puerto Rico.
En la mañana del 24, una fuerza rebelde de unos 300 o más intentaron tomar el pueblo de San Sebastián del Pepino.Confiados en el apoyo de la milicia local, fueron sorprendidos por las autoridades alertadas de antemano. En la Batalla del Pepino los insurgentes sufrieron varios muertos y heridos. Desconociendo estas acciones, Betances se encontraba en St. Thomas donde las autoridades danesas le confiscaron el barco con 300 rifles, un cañón y miles de municiones. Al quedar aislados y desconectados, los revolucionarios resolvieron replegarse en pequeños grupos por la zona montañosa del oeste. En definitiva, extendiéndose hasta diciembre el Gobierno logró una contraofensiva y la derrota militar de la insurrección. Matías Brugman, Baldomero Baurén (Guayubín), Joaquín Parrilla y otros revolucionarios murieron en enfrentamientos posteriores con los militares.
Hay documentación oficial conocida de alrededor de 600 presos. El Gobernador, general Sanz destacó el peligro que representaba el Grito de Lares al encontrarse involucrados “individuos de todas las clases que componen esta sociedad?. De la muestra de prisioneros: 39% jornaleros, 18% de clases medias, 15% labradores, 10% esclavos, 7% comerciantes, 6.5% artesanos, 4.5% hacendados. En las cárceles de Arecibo y Aguadilla murieron 85 prisioneros del Grito. Entre los arrestados en Lares figuran Mariana Bracetti y Obdulia Serrano, esposas de los hermanos Manuel y Miguel Rojas, y en el pueblo de Juana Díaz, la morena libre Francisca Brignoni, que abogaba por la libertad de los esclavos: son apenas una muestra de las incontables mujeres, la mayoría anónimas, que también integraban las sociedades secretas o simpatizaban con la causa independentista.
Si hubiesen logrado desencadenar la revolución más coordinada y en puntos diversos a la vez, Sanz informó al Gobierno de España, que probablemente los vencedores iban a ser los puertorriqueños en armas. En Puerto Rico se produjeron manifestaciones populares a favor de la excarcelación de los presos y contra las penas de muerte impuestas a Manuel Rojas, Rodulfo Echevarría, Pedro Segundo García, Clodomiro Abril, Ignacio Balbino Ostolaza, Andrés Pol y Leoncio Rivera. Y en Madrid, Eugenio María de Hostos, Manuel Alonso y otros puertorriqueños prominentes intercedieron éxitosamente con el presidente Francisco Serrano, que acababa de dirigir una revolución antimonárquica en España. El 25 de enero de 1869 el Gobierno decretó una Amnistía General. Pero muchos patriotas como Betances, Rojas, Lacroix, Aurelio Méndez, y muchos más se vieron obligados al exilio.
Sin embargo, es un hecho histórico que más que por las gestiones reformistas, fue al calor del Grito de Lares que el Gobierno de España, a partir de 1869, permitió la formación de algunos partidos políticos (conservador y liberal-reformista) y la libertad de prensa y reunión (aunque bajo censura y con licencia), y se allanó el camino para la abolición definitiva de la esclavitud y del régimen jornalero precapitalista en 1873. Fue de 1870 en adelante y hasta el fin de la dominación española en 1898 que en Puerto Rico se vivió una efervescencia cultural y de afirmación puertorriqueña y se intensificaron los reclamos por el gobierno propio en sus vertientes autonomistas e independentistas.
En la mañana del 24, una fuerza rebelde de unos 300 o más intentaron tomar el pueblo de San Sebastián del Pepino.Confiados en el apoyo de la milicia local, fueron sorprendidos por las autoridades alertadas de antemano. En la Batalla del Pepino los insurgentes sufrieron varios muertos y heridos. Desconociendo estas acciones, Betances se encontraba en St. Thomas donde las autoridades danesas le confiscaron el barco con 300 rifles, un cañón y miles de municiones. Al quedar aislados y desconectados, los revolucionarios resolvieron replegarse en pequeños grupos por la zona montañosa del oeste. En definitiva, extendiéndose hasta diciembre el Gobierno logró una contraofensiva y la derrota militar de la insurrección. Matías Brugman, Baldomero Baurén (Guayubín), Joaquín Parrilla y otros revolucionarios murieron en enfrentamientos posteriores con los militares.
Hay documentación oficial conocida de alrededor de 600 presos. El Gobernador, general Sanz destacó el peligro que representaba el Grito de Lares al encontrarse involucrados “individuos de todas las clases que componen esta sociedad?. De la muestra de prisioneros: 39% jornaleros, 18% de clases medias, 15% labradores, 10% esclavos, 7% comerciantes, 6.5% artesanos, 4.5% hacendados. En las cárceles de Arecibo y Aguadilla murieron 85 prisioneros del Grito. Entre los arrestados en Lares figuran Mariana Bracetti y Obdulia Serrano, esposas de los hermanos Manuel y Miguel Rojas, y en el pueblo de Juana Díaz, la morena libre Francisca Brignoni, que abogaba por la libertad de los esclavos: son apenas una muestra de las incontables mujeres, la mayoría anónimas, que también integraban las sociedades secretas o simpatizaban con la causa independentista.
Si hubiesen logrado desencadenar la revolución más coordinada y en puntos diversos a la vez, Sanz informó al Gobierno de España, que probablemente los vencedores iban a ser los puertorriqueños en armas. En Puerto Rico se produjeron manifestaciones populares a favor de la excarcelación de los presos y contra las penas de muerte impuestas a Manuel Rojas, Rodulfo Echevarría, Pedro Segundo García, Clodomiro Abril, Ignacio Balbino Ostolaza, Andrés Pol y Leoncio Rivera. Y en Madrid, Eugenio María de Hostos, Manuel Alonso y otros puertorriqueños prominentes intercedieron éxitosamente con el presidente Francisco Serrano, que acababa de dirigir una revolución antimonárquica en España. El 25 de enero de 1869 el Gobierno decretó una Amnistía General. Pero muchos patriotas como Betances, Rojas, Lacroix, Aurelio Méndez, y muchos más se vieron obligados al exilio.
Sin embargo, es un hecho histórico que más que por las gestiones reformistas, fue al calor del Grito de Lares que el Gobierno de España, a partir de 1869, permitió la formación de algunos partidos políticos (conservador y liberal-reformista) y la libertad de prensa y reunión (aunque bajo censura y con licencia), y se allanó el camino para la abolición definitiva de la esclavitud y del régimen jornalero precapitalista en 1873. Fue de 1870 en adelante y hasta el fin de la dominación española en 1898 que en Puerto Rico se vivió una efervescencia cultural y de afirmación puertorriqueña y se intensificaron los reclamos por el gobierno propio en sus vertientes autonomistas e independentistas.
| Autor: Dr. Francisco Moscoso 12 de septiembre de 2014 Copiado de: http://www.enciclopediapr.org/esp/article.cfm?ref=06101303&page=4 |
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